-Con los palos que llovieron tras la última gala de los Goya, se alegraría de no seguir al frente de la Academia.
-No es lo peor que ha pasado, la noche de los Goya siempre tiene muchas sorpresas. Me queda la imagen maravillosa de los que salimos al escenario a decir 'no a la guerra'. Borra todos mis malos sabores.
-Desde entonces, el cine español está en el punto de mira.
-Hablamos de la guerra como ciudadanos, antes lo habíamos hecho contra el terrorismo. Y llega una reacción brutal de los medios de derechas, que tienen la mala costumbre de llamarnos pedigüeños, cuando España tiene uno de los presupuestos asignados para el cine más bajos de Europa. No entiendo que tiren piedras contra su propio tejado. Ir contra los zapatos, las naranjas o el cine español es un suicidio.
-Forma parte de la crispada escena política.
- Hay gente que protesta en una democracia contra algo que no les gusta, y punto. Si dentro de nuestro oficio se sienten libres para expresarlo, es que esta profesión es más libre que otras. No esperaba una oposición tan salvaje, pero me niego a entrar en ese juego de los crispados. Resucitar las dos Españas me parece terrible, irresponsable, hay que tener muy mala ralea para volver a sacar los fantasmas del pasado. ¿Estoy tan cansada y decepcionada!