Una multinacional española, dueña de marcas como Zara, Massimo Dutti y otras, muy apreciadas por los expertos en ese tipo de prendas interiores que se ven por fuera, ha retirado a toda velocidad una edición en la que podía verse, creo que en la etiqueta, el dibujo de una mezquita. Algunos clientes de las boutiques de los emiratos estimaron que se trataba de una provocación. No vayamos a tener otra como la de las caricaturas del Profeta, pensaron los de la multinacional.
Los fanáticos son muy susceptibles. Es curioso que en un planeta como el nuestro, donde se produce un suicidio cada 45 segundos, haya tantas personas amenazadas de muerte. El más conocido y también el que tiene la plusmarca de valoración de su cabeza, es el autor de las célebres viñetas de Mahoma: le han puesto un precio de un millón de euros. Una recompensa que puede tentar a los chivatos de cualquier creencia religiosa. El dibujante le ha echado valor y se ha dado a conocer. «No me arrepiento de nada», ha dicho en una entrevista, realizada por supuesto en el lugar secreto donde está escondido. No tiene por qué arrepentirse de sus dibujos. Sólo de su desproporcionada repercusión. ¿Cómo iba a pensar que con su lápiz se iba a echar leña al fuego? La hoguera ha llegado hasta Nigeria, donde 24 personas han muerto en los últimos días por enfrentamientos confesionales. Cristianos y musulmanes andan a machetazo limpio. En la Liga Contra el Racismo, el título de campeón tendrá que declararse desierto.
Cuando parecía que las protestas ante las embajadas empezaban a remitir, quizá porque a los airados manifestantes se les habían acabado las piedras, los huevos y los tomates que arrojaban contra ellas, viene lo de las camisetas. Para acabar de arreglarlo, se va a vender menos la de Ronaldo, que también vino al Real Madrid en calidad de profeta de títulos.