Retirado y olvidado en un barrio de las afueras de Phoenix, en Arizona, ayer murió con 84 años monseñor Paul Marcinkus, quien fue uno de los hombres más poderosos del Vaticano y muy cercano a dos papas, Pablo VI y Juan Pablo II. Entre 1971 y 1989 presidió el IOR (Instituto para las Obras de Religión) o, como se le solía llamar, 'el banco del Vaticano', la entidad encargada de las finanzas de la Iglesia. Marcinkus era 'el banquero de Dios', pero sus oscuras operaciones hacen que su nombre se asocie al escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano, en 1982, uno de los asuntos más turbios y fascinantes de la historia reciente italiana. Como tal, reúne todos los ingredientes: el Vaticano, la logia masónica Propaganda 2 (P2), la mafia e, incluso, según algunas teorías, el hipotético asesinato de Juan Pablo I. Marcinkus, que fue protegido por Juan Pablo II y se 'exilió' a EE UU, sabía la verdad de este escándalo, el más grave que ha afrontado la Iglesia católica en las últimas décadas, pero ahora se ha llevado sus secretos a la tumba.
Marcinkus, estadounidense de origen lituano, se ordenó sacerdote en 1947 y fue a estudiar a Roma. Era un personaje afable, hábil para las relaciones públicas, que fumaba dos paquetes diarios de 'Marlboro' y a quien le gustaba el 'bourbon'. Su estilo de vida un poco desenfadado daba que hablar, pero supo introducirse en los círculos vaticanos y trabajó en la secretaría de Estado con Pablo VI. Trabó amistad con el Papa y éste le puso al frente del IOR en 1971, cargo en el que continuó con Juan Pablo II, del que fue además guardaespaldas, debido a su gran estatura, y organizador de viajes. Llegó a ser arzobispo en 1981. Desde su puesto comenzó a manejar el dinero vaticano con total autonomía y a hacer negocios con tres inquietantes personajes: el gran maestre de la logia masónica P2, Licio Gelli; el banquero siciliano afincado en EE UU Michele Sindona, conectado con la mafia; y Roberto Calvi, el presidente del Banco Ambrosiano, entidad milanesa ligada a la Iglesia.
El 'suicidio' de Calvi
En este cuarteto se cruzan muchos de los llamados 'misterios italianos' que salpican la historia reciente del país, material para varias películas. La logia P2, descubierta en 1981, agrupaba 953 nombres de todas las instituciones y sectores italianos: políticos, jueces, militares, periodistas, empresarios (entre ellos Silvio Berlusconi), banqueros... todo un poder paralelo con un plan para dirigir la vida nacional. Además de Gelli, tanto Calvi como Sindona pertenecían a la P2 y entre los tres reunían todos los contactos posibles del mundo político, mafioso y económico. Con Marcinkus como cuarto socio y una red de sociedades en paraísos fiscales se dedicaron, entre otras cosas, al reciclaje de dinero sucio, tráfico de armas, apoyo de guerrillas e incluso a la financiación del sindicato polaco Solidaridad, de Lech Walesa.
Sin embargo, esta maniobras vaciaron la caja del Banco Ambrosiano, con un agujero de 1.400 millones de dólares, y el escándalo terminó de estallar el 18 de junio de 1982: Calvi apareció ahorcado en un puente de Londres. El Vaticano negó cualquier relación con la quiebra, pero efectuó una «devolución voluntaria» de 250 millones de dólares. En 1987, la fiscalía de Milán ordenó la detención de Marcinkus y dos de sus colaboradores, pero el Tribunal Supremo estableció que, como ciudadanos del Vaticano, estaban fuera de la jurisdicción italiana. Marcinkus fue cesado en 1989 y se retiró a EE UU, «para volver a la labor pastoral, que siempre ha sido mi aspiración», dijo en una carta. Wojtyla emprendió entonces un saneamiento del IOR.
Sindona murió en 1986 en una prisión italiana tras beber un café con cianuro. Licio Gelli, el último superviviente del cuarteto y el más escurridizo, cumple 12 años de condena en su villa de Arezzo, la misma donde fueron encontrados cientos de lingotes de oro escondido en macetas. «¿Marcinkus? Siento su muerte, pero no lo conocía», dijo ayer.