El Correo Digital
Miércoles, 22 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
DEPORTES
LA OPINIÓN
Elogio de la discreción
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Es un tópico generalmente admitido que los buenos árbitros son los que pasan desapercibidos. Esa virtud, la discreción, se debe esperar, también, de los buenos presidentes y entrenadores. La idea es la misma, la aceptación con naturalidad de que en el fútbol, como en el cine o en la vida, hay magníficos papeles secundarios. Un buen presidente es el que gestiona bien la economía y vela por la buena imagen del club. No interviene en las decisiones deportivas y procura mantenerse en segundo plano. Es lo que han hecho tradicionalmente los presidentes del Athletic. Coincidían en la virtud de la discreción: se les notaba apocados y esquivos con un micrófono delante, y apenas los reconocíamos por la calle. No suele ser conveniente, tampoco, que los entrenadores se crean figuras. Un buen entrenador no es quien llega con ideas preconcebidas o modelos teóricos infalibles. Un equipo no es un mecano. La pizarra es el modo disimulado que tienen algunos entrenadores de convertirse en marca y obtener mayor protagonismo del necesario.

Los equipos han de estar ordenados, pero no encorsetados. No es imprescindible inventar nuevos modelos ni emular a equipos míticos. Un buen entrenador eleva el tono físico y anímico de sus futbolistas, les convence para que exploren al máximo sus posibilidades, para que lleguen a ser quienes son. Luego, pone a los mejores en el lugar adecuado, que suele ser el natural, es decir, aquél en que se situaron en el campo desde niños. El Milán de Sacchi, por ejemplo, introdujo novedades en el fútbol, pero no todos los equipos cuentan con Baresi o Van Basten para llevarlas a cabo. Sacchi, tras el Milán, no volvió a ser el mismo, y ha salido con poca gloria de su último equipo, el Madrid, que lleva seis entrenadores como penitencia por el absurdo ejercicio de soberbia de echar a uno tan 'normal' y discreto como Del Bosque. Sacchi no volvió a encontrar jugadores para su idea, pero tal vez no sea preciso aferrarse a una idea, por buen resultado que una vez diera. Inventar, lo que se dice inventar, inventan pocos, y lo hacen cuando se dan circunstancias favorables, entre ellas contar con un equipo extraordinario. Un buen entrenador es sencillamente el que saca el mayor rendimiento que puede de los jugadores que tiene.

Los equipos se van configurando por aproximaciones sucesivas, no mediante abruptas revoluciones semanales. El Athletic empieza a vislumbrarse. Falta que vaya cuajando el cemento que liga todas las piezas, es decir, que los peloteros, Yeste, Orbaiz, Iraola, Tiko, Etxeberria, interioricen que los verdaderos protagonistas son los jugadores, tomen el mando, pidan la pelota y quiten el miedo a perderla, se atrevan a tocar y ofrecerse a continuación, a tirar paredes, a dar media docena de pases hasta que surja la diagonal propicia, el desmarque adecuado de los delanteros (en el fútbol no siempre es la línea recta el camino más corto).

A mí me parece que los árbitros, presidentes y entrenadores deberían aceptar con naturalidad la gestión de la intendencia. Sus papeles son importantes pero secundarios. Cuantos menos discursos, mejor. Las virtudes más apreciadas en sus cargos son la discreción, la templanza y el sentido común.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]