Ha volcado su ingenio en numerosos guiones para cine y teatro, firmando los libretos de películas como 'Glup' o 'Chatarra'. El año pasado se embarcó en un proyecto más ambicioso, dirigir su primer largometraje. José Antonio Vitoria se puso tras las cámaras para filmar 'Vorvik', un thriller protagonizado por Fernando Guillén Cuervo y Amparo Larrañaga que ayer se proyectó en Vitoria en la XXII Semana de Cine Vasco.
-Comenzar dirigiendo un thriller, ¿supone una dificultad añadida?
-Es posible, pero fue algo que me encargaron. Me llamaron de la productora porque sabían que quería dirigir y me ofrecieron este proyecto. Leí el libro y vi que ahí podía haber una película.
-La trama gira en torno a la clonación humana, ¿se documentó sobre el tema?
-La verdad es que esa trama sirve como disculpa para contar un drama humano de pasiones, de búsquedas... Lo de la clonación en realidad carece de importancia, es el trasfondo. Me interesa mucho más hablar de las pasiones humanas que de la clonación, que me suena más a ciencia ficción. En cualquier caso, quién sabe lo que estará ocurriendo en los laboratorios, ¿verdad?
-¿Cómo fue la relación con Amparo Larrañaga y Fernando Guillén-Cuervo, sus protagonistas?
-Hay aspectos del rodaje mucho más complicados que relacionarme con los actores. Ellos se sintieron muy bien tratados y confiaron en mí desde el principio, lo cual facilitó mucho las cosas. Al principio tenía un cierto miedo, pensaba que yo no era nadie y no sabía cómo me iban a tratar. Sucedió lo contrario, eran tremendamente disciplinados.
-¿Tenía preparado un plan B por si los actores no le hacían ni puñetero caso?
-Ja, ja, ja... Me lo planteé, sí. Hay actores muy buenos con quienes la mejor actitud es dejarles hacer. Cuando no sucede esto pueden llegar conflictos como los que han sucedido en muchos rodajes. No sé lo que habría hecho yo porque no me encontré nada parecido. Los actores confiaron en mí.
-¿Por qué los guionistas acaban siempre dirigiendo películas?
-El guionista pone en papel cómo va a ser una película que hasta ese momento sólo existe en su mente. Él es el primer y único espectador de esa película. En el fondo lo que queremos es estar lo más cerca posible de la transmisión de esa historia.
Hacer para aprender
-Ha sido profesor, ¿qué consejo les daría a los estudiantes de cine?
-Que tienen que arriesgarse y hay que hacer cosas. Somos de una generación que nos hemos formado de una manera muy autodidacta y aprendimos haciendo cine. Cuando rodé mi primer cortometraje no tenía ni idea de nada. Hay que arriesgarse, equivocarse y aprender el camino.
-A los cineastas les inspira la realidad, ¿se podría hacer una película sobre la gripe aviar?
-Je, je... Podría hacerse porque lo de menos es el por qué. Cualquier circunstancia genera pasiones humanas: la gripe aviar, las intoxicaciones alimenticias, la escasez de vivienda... En todos los sitios hay una buena historia.
-¿Recuerda algún momento divertido del rodaje?
-Muchos. Fernando y yo nos hicimos buenos amigos y él tiene un sentido del humor envidiable. Recuerdo un día que aparecí tan desarrapado en el rodaje que me miraron de arriba a abajo y me dijeron que parecía un eléctrico. Aquello generó muchas risas y yo, inmediatamente, me coloqué las pinzas del eléctrico en la camisa. Desde entonces me adoptaron los eléctricos como a uno más, incluso comía con ellos.
-¿Qué proyectos tiene ahora?
-Una historia muy personal que sucede en Hungría. Trata sobre lo que nos une a los seres humanos, sobre la familia, sobre el afecto... La rodaremos este verano con Fernando Guillén, María de Medeiros y Victoria Abril. Será una coproducción.