El Correo Digital
Lunes, 20 de febrero de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
El Baskonia destierra a sus fantasmas
El TAU, que rozó la perfección durante un tercio de la final, se corona en Madrid'06 al conservar la calma en el tramo definitivo, en el que el Pamesa le pisó los talones
De tanto que costó se saboreó mucho más. La Quinta ya viaja camino del Fernando Buesa Arena, su nuevo hogar. El Baskonia completó otro sueño ayer. A pesar de que los fantasmas de la fatídica final liguera del curso pasado sobrevolaron durante demasiado tiempo la pista. Y es que a puntito estuvo el Pamesa -que se marchó con las manos vacías pero el orgullo intacto- de travestirse en el Real Madrid campeón de la ACB. Sólo que en esta ocasión el guión cambió. Se lo merecía este TAU Cerámica, imperfecto pero grande. Como su afición, que le secundó con su fidelidad habitual. Noche grande.

Esta nueva línea para la historia azulgrana recompensó el trabajo del equipo más completo en estos cuatro días de baloncesto concentrado. El que más ha luchado por levantar el trofeo. Quizá también uno de los que más ha sufrido en el majestuoso Palacio de Deportes de Madrid, que ya se ha ganado un hueco en la memoria azulgrana.

¿Qué complicado resulta sintetizar todo lo que deparó el 80-85 de ayer! Ya que el TAU volvió a moverse entre extremos. Como ha acostumbrado en los últimos tiempos. Aunque, afortunadamente, en el orden correcto. Levantándose a tiempo cuando la campana y el empuje de los 'taronja' amenazaba con dinamitar la autoestima baskonista. Regalando un apoteósico desenlace.

Avalancha de inicio

Y eso que su antológica salida al parqué apuntaba a la final más plácida que se recuerda. El quinteto baskonista embaucó a sus fieles con un baloncesto de campanillas. Fue un vendaval. Un ciclón que maltrató al Pamesa durante veinte minutos.

Sencillamente, esa puesta en escena rozó la perfección. Amparado en su superioridad física y en una mentalidad de granito, el Baskonia hizo lo que quiso con su oponente. Lo zarandeó. Lo azotó. E incluso pareció abandonarlo 'grogui'. Un festival que dejó ojoplático al personal. Prigioni movía la palanca de cambios cuando y como quería. Splitter, con pegamento en las manos, atrapaba cada balón escupido por el aro. Jacobsen y Hansen atinaban con la distancia. Mientras que Scola reinaba en la pintura. 8-31 al minuto 11. Alucinante.

El vendaval perdió fuerza con el transcurso de los minutos, pero el TAU mantuvo el tipo. Con el Pamesa, aún aturdido, tumbado en el suelo. Dieciocho puntos de renta al descanso. Catorce tras la disputa del tercer periodo. Y la percepción general de que tan sólo era cuestión de tiempo la coronación baskonista. Como monarca absolutista, además. Daba la sensación de que la Quinta ya podía empaquetarse hacia Vitoria.

Ricard Casas, el primer técnico que ha logrado que el Pamesa juegue como un bloque después de tantos proyectos tirados a la basura, no pensó igual. Se la jugó con un osado órdago en el cuarto final. Optó por cuatro pequeños más Dikoudis.

Entre el griego, Harrington y Timinskas, el plantel naranja serpenteó con la agilidad suficiente para colocarse tras la nuca baskonista. Al TAU se le atragantó esta apuesta. Las faltas le carcomieron. Y varios de sus hombres más importantes empezaron a ofrecer síntomas de cansancio. La vista se le nubló. La diferencia menguó a diez, nueve, siete puntos... Y el fantasma del petardazo de la última final en el ambiente.

Erdogan resucitador

Con el ritmo cardíaco a punto de estallar, ambos equipos se desvistieron de cualquier academicismo y tiraron de soluciones personales. Un toma y daca constante. Intercambio de golpes hasta que uno de los dos contendientes se desplomara inconsciente. Era un final para hombres de barba cerrada. Como la que cubre el rostro de Erdogan, autor de ¿diecisiete puntos! en ese tramo.

De su mano, el TAU amarró el quinto título. Con la lengua fuera, pero el trofeo en la cartera. Y los casi cuatro mil seguidores, como su equipo, pudieron descargar entonces la adrenalina acumulada. Grabando de por vida en sus cabezas la fecha de ayer. 19 de febrero de 2006. Otro día glorioso.



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