El Correo Digital
Martes, 14 de febrero de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
La mirada del otro
Nada hay más saludable para un país, región, comarca, nación, protonación, micronación, supranación, federación, reino, república, isla, península o continente que atender con curiosidad a la mirada del otro. Del viajero. Del inmigrante. Del que pasaba por ahí. Del que pasaba por ahí y se quedó. Ahora bien, ¿cuál es la mirada del otro? Eso depende de dónde nos coloquemos. Es cosa variable aunque algunos la crean inamovible y para muchos la mirada del otro es la del forastero que vino de fuera del pueblo. Ser forastero en un pueblo es ser forastero para siempre, mientras que, en una gran ciudad, constituye un estado transitorio. En todo caso, lo que no tiene interés es limitarse a buscar los elogios y las frases corteses que el invitado nos dirige en público por simple buena educación. Lo interesante es el conjunto, lo que se ve como positivo en contraste con los defectos que la costumbre reduce y emborrona y distorsiona muchas veces ante los ojos de quien los mira de cerca o los lleva encima o sobrelleva y tiene que torcerse el cuello para verlos. Si no tenemos obturadas las entendederas, hasta podríamos ser capaces de ver qué cosas hacen los demás mejor que nosotros. Y no sería descabellado tratar de imitarlas para mejorar. Perder un poco de idiosincrasia puede merecer la pena si ganamos en felicidad o en ética. Por España y por Euskal Herria pasaron viajeros famosos, sobre todo a partir del Romanticismo, que amaba el exotismo y el arcaísmo de las tierras situadas al sur de los Pirineos. Los viajeros ingleses como Borrow tienen su contrapartida en el Leandro Fernández de Moratín que un siglo antes escribió sus 'Apuntaciones sueltas de Inglaterra'. Aquí tenemos la visión razonable y crítica de un ilustrado español, y también los prejuicios y los puntos ciegos que nos avisan de otras miopías e hipermetropías posibles y encarecen la utilidad de comparar miradas. Hace poco, escuché un programa de radio al que se había invitado a unos cuantos corresponsales extranjeros afincados en España para que dieran su visión sobre los españoles. La 'conductora' del programa, empeñada en halagar a la audiencia, llevó la tertulia hacia una conclusión bonancible: «Como aquí (se referían a España) no se vive en ninguna parte». Pero ¿caramba!, si es lo que decimos los vascos de nosotros mismos cuando queremos afianzar nuestra esencia vital identitaria. Y me acuerdo de esa explicación que difunden algunas malas lenguas: que nuestra esencia vasca es la esencia de lo español viejo repristinada en tierras de cristianos viejísimos celadores de una ancestral pureza y poseedores de una lengua original que desciende directamente de la que se habló en el Paraíso. Cosas, en fin, de la mirada.



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