Robar piezas de arte romano, griego y etrusco en Italia ha sido durante décadas como ir a coger setas. Como el saqueador de pirámides, los 'tombaroli' se dedican a desenterrar tesoros en los descampados o a rapiñarlos en excavaciones para malvenderlos. Mejor dicho, para ellos es un buen negocio lograr unos miles de euros por una escultura. Lo que pasa es que esa misma pieza terminaba en un museo de Estados Unidos por unos millones de dólares. Un paleto de las afueras de Roma no puede presentarse en Nueva York a vender pedruscos, pero sí un prestigioso entendido de arte, tras las oportunas y provechosas maniobras para darle un maquillaje legal a la operación.