El concepto de globalización, que ya es válido para casi todo, tampoco es ajeno a la moda. Así, no es extraño que las creaciones de una diseñadora vasca sean lucidas en países árabes, Japón y Las Vegas. Es el caso de Olatz Iruarrizaga, cuyos modelos encandilan tanto a intrépidas ejecutivas americanas como a mujeres musulmanas que los esconden bajo su velo. El secreto para llegar a tan distantes puntos del planeta y a mujeres tan dispares se encuentra en las ferias de moda, como la de la ciudad alemana de Düsseldorf, que terminó ayer. En el evento -el mayor del mundo de sus características, con más de 1.600 expositores y multitud de desfiles- Olatz dejó muy alto el pabellón de la moda vasca: «Siempre hemos tenido una aceptación buenísima, ofrecemos un producto diferente e innovador que gusta en todas las partes del mundo», explica la diseñadora de la firma Ian Mosh.