Las personas que utilizan a diario el comedor social de Indau-txu no tienen casa, pero sí una ventana que les permite asomarse al mundo. En este establecimiento comen, se duchan y lavan su ropa. También 'chatean', consultan su correo electrónico y envían 'e-mails' a sus amigos. Los 150 usuarios que pasan a diario por allí tienen a su disposición cinco ordenadores con acceso gratuito a Internet.
Los responsables de Cáritas comenzaron a ofrecer este servicio hace menos de un año, con dudas de su éxito. Pero el resultado ha sido «más que positivo». «Se montan colas para utilizar los computadores y, si un día hay mucha gente y no hay sitio para todos, el que se queda sin poder usarlo se enfada», explica Elena Cartón, responsable del comedor. Las normas para navegar son sencillas: prohibido visitar páginas violentas o pornográficas. Para lo demás, cada uno es libre de consultar lo que quiera.
Y eso hace Juan Mari, uno de los usuarios del comedor de Cáritas. «Busco piso por Internet para compartir», explica. Pero también aprovecha la Red para estar al día de las noticias de su equipo. «Miro cómo va el Athletic y la Liga de fútbol», sonríe. No tiene casa ni trabajo, pero espera encontrar las dos cosas con la ayuda de 'Google' y la ofimática. «Hice un curso de 'Windows', 'Word', 'Excel', 'Access'... Lo sé todo». Y le gusta. «Cuando tenía dinero, pagaba por conectarme en algún locutorio». Ahora, en el comedor, es gratis.
Las nuevas tecnologías abren más puertas a las personas 'sin techo'. Por ejemplo, el móvil a menudo se torna imprescindible. Para alguien que vive en la calle y duerme al raso, este aparato le permite estar localizable, aunque cada mes resida en una ciudad distinta. Es un rastro a seguir, algo impensable hace años. «Lo uso para recibir llamadas porque no tengo saldo», explica J.W.H, mientras se dispone a dar cuenta del menú de lentejas, pescado frito con ensalada y macedonia que ofrece hoy el comedor.
Hasta que llega la hora de sentarse a la mesa, la sala de ordenadores permite a muchos usuarios pasar el tiempo de forma más provechosa, lejos de sus penurias. «Mejor están aquí que en la calle», contesta Elena con una mueca. Mientras 'navegan', las baterías de sus móviles se cargan en los enchufes del centro.