Cuando dejaba la ciénaga del descenso a base de sacrificio y eficacia el Alavés resbaló a un palmo de la orilla. La última bala del Getafe se coló en la indisimulada y resbaladiza trinchera albiazul, tan obcecada en mantener la posición que se olvidó de salir a campo abierto para ofrecer combate en un terreno más conveniente. A un minuto se quedó la escuadra albiazul del despeque moral y clasificatorio, de encadenar por primera vez dos victorias consecutivas, de remontar un duelo por vez primera en la temporada, de recibir al Málaga en condiciones óptimas. Claro que pese a las maldiciones finales el punto del Coliseum Alfonso Pérez es también otra palabra descifrada en el diccionario de la reacción que editan la plantilla, Oliva y Piterman tras el relevo técnico.