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Sábado, 4 de febrero de 2006
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Un beatle
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En un principio, todo es nuevo, todo está fresco y frescas están las ilusiones aunque el pan que se come esté duro. Paul McCartney echa la vista atrás en una entrevista y recuerda los comienzos de los que habían de revolucionar la música, los inicios de aquel cuarteto que serían los Beatles, nombre mítico que rebasa una época grabado en oro en generaciones de jóvenes. Cuenta el ex beatle cómo un día se juntaron cuatro chicos de la calle que sobre todo se dedicaban a fantasear y después lo contaban en sus canciones. Surgía una chica bonita y se le hacía una canción. Y una muchacha del barrio se convierte en una musa colmada de diamantes, que las cuerdas de una guitarra lanzan a la posteridad.

Cual una Beatriz de Dante con minifalda en Liverpool o la Laura de Petrarca en plan urbano y sesentero. Después, los años discurren sin tregua y el músico ya no es tan inocente, no fantasea con la primera hermosa mujer que se encuentra y se dispone a triturar a los ricos con sus acordes y letras y a tachar a los poderosos de pandilla de guarros, asquerosas bestias y demás delicadezas en riquísimo repertorio. Con el tiempo y unas ganancias, los discos y los conciertos, los negocios añadidos, el propio músico se hace rico y continúa de estrado en estrado machacando a golpe de rock a los sebosos ricachos de este mundo.

¿Qué hace un rico como tú cantando contra otros ricos? Fue la tormentosa pregunta que se hizo Paul McCartney cuando cayó en la cuenta de que tenía muchísimo dinero, tanto que no podía contarlo y daban además el 'cante' sus portentosos beneficios. Es indudable que algo ahí no cuadra. ¿Adónde van a parar sus fantasmas, el inconformismo, las rebeldías? Confiesa el beatle famoso que se atormentó largas temporadas con el peliagudo dilema de ganar millones ejerciendo de azote musical de los millonetis, hasta que decidió dejar de interrogarse sobre tan insoportable trascendencia. Y hoy por hoy ya no se atormenta. «Ahora sólo escribo canciones. Eso es todo». Un beatle que se declara un tipo en forma, feliz que puede pagarse tres comidas por día. Es más, sólo come dos veces por día, dice. Para qué, pues




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