Musa del 'destape' e idolatrada por el público masculino, Victoria Vera se convirtió durante la transición en un icono de la libertad. La actriz madrileña llegó a erigirse en una de las estrellas más cotizadas de la época. A sus 52 años, aún conserva un aspecto juvenil. Vera no deja de lado su carrera profesional, que le ha llevado de nuevo a subirse a un escenario para encarnar a una envidiada solterona en 'La bella Dorotea'. La obra llega esta tarde al Teatro Barakaldo.
-¿Es la gente envidiosa por naturaleza?
-Unamuno hizo una vez un análisis interesante de la envidia. Dijo que la envidia española se diferencia del resto en que no es que tú quieras tener lo que el otro tiene, sino que no quieres que el otro tenga lo que tiene. Eso le sucede en la obra a Dorotea.
-Seguro que usted también ha sufrido en sus carnes esos celos...
-Todos los artistas tenemos algunas gentes que nos profesan envidia. Pasa lo mismo con los políticos, los periodistas... Sucede en todos los ámbitos de la vida.
-¿Cree que los programas del corazón han fomentado la envidia?
-No lo sé, yo todavía no he ido a ningún programa de ese tipo. Sólo acude el que quiere contar sus cosas. Yo prefiero hablar sobre el escenario.
-En 'La bella Dorotea' protagoniza a una mujer liberal y adelantada a su tiempo ¿Se siente identificada?
-Sí, sí claro. En un momento dado me la he jugado y me ha salido bien.
-¿Y en lo de bella?
-¿Si no estuviera bien, no creo que me los dieran!
-Para pasar de los 50, se conserva bien. ¿Se ha hecho ya algún retoque?
-Todavía no, ya llegará el momento. Tampoco me preocupa demasiado, porque es más bonito conservar los mismos rasgos y que te puedan reconocer. Es mejor que ponerse cara de pato, como hace mucha gente.
-¿Se cambiaría algo?
-Nada en absoluto. Me encanta cómo me ha hecho la naturaleza.
-Es habitual verla en las comedias románticas. ¿Al amor se llega por el humor?
-¿Por supuesto que sí!
«Me pusieron bombas»
-Usted llegó a ser todo un símbolo del 'destape'.
-Yo creo que fue más importante que eso. Me atreví con trabajos de autores absolutamente prohibidos en el país. Estrené por primera vez a Alberti, Arrabal, Blasco Ibáñez... Enseñaba el pecho, sí, pero lo más relevante es que lo hacía en un contexto muy revolucionario para el momento.
-¿Fue una rebelde con causa?
-Más o menos. Me comprometí con la causa, dando vida a obras de autores republicanos que ni siquiera podían llegar a pisar suelo español.
-Su valentía le costó más de un disgusto porque, en algunos momentos, tuvo que ser escoltada por la Policía.
-Así es. Recibía constantes amenazas, sufrí varios ataques, me pusieron bombas... Fue una época convulsa y me tocó pasarlo bastante mal, como muchos otros. Lo malo es que yo salía en muchas películas.
-Por cierto, ¿vio la ceremonia de los Goya?
-Sí, un momentín.
-¿Se quedó dormida?
-No, no. Creo que es una gala que no se acaba de asentar. En parte puede ser porque no se echa mano de los actores y actrices importantes en este país durante muchos años. Hay que rendir homenaje a los que han sido grandes en el cine y que no sea una ceremonia infantil, sino también un poco jurásica.
-¿Está en crisis el cine español?
-No lo creo. Se han hecho bastantes películas este año. Yo veo que a quien se le desprecia es al teatro, cuando es el género más importante dentro de la interpretación.
-¿Cree que ha bajado la calidad del cine español?
-No. Hay mucha variedad y diferentes estilos. Está desde Torrente hasta las películas de Montxo Armendáriz. Simplemente, el cine va cambiando. Si hecho algo de menos, es que las gentes del cine se nutran de los actores de teatro.
-Por lo que dice es una auténtica defensora del teatro.
-Para mí es, junto a la ópera y el ballet, uno de los grandes artes en directo. Y eso no tiene precio. Están muy bien que desde el Estado se den las subvenciones al cine, pero creo que las instituciones deberían potenciar más si cabe la asistencia al teatro.
-Al fin y al cabo, sus orígenes están encima de un escenario.
-Comencé a estudiar interpretación a los 12 años y con esa edad ya debuté en el teatro con la obra 'El diario de Ana Frank'. A partir de allí, he compaginado el escenario con el cine y la televisión. Y parece que no me ha ido mal en la vida...