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Viernes, 3 de febrero de 2006
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POLÍTICA
 
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DESPEDIDA. Fungairiño se dirige a su despacho de la Audiencia Nacional. /JAIME GARCÍA
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El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, dejó ayer de lado la diplomacia y la prudencia habitual de sus intervenciones públicas y narró con pelos y señales, ante un auditorio de excepción formado por los principales responsables del mundo judicial, cómo y por qué exigió el miércoles a Eduardo Fungairiño que dejase de ser el fiscal jefe de la Audiencia Nacional. Una reclamación que planteó porque «la paciencia tiene un límite».
 
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