La OPA lanzada por la compañía anglo-india Mittal sobre el conglomerado europeo de Arcelor es un ejemplo trasnacional de las posibilidades que ofrece hoy el mercado financiero a las empresas para buscar la expansión de su negocio absorbiendo rivales, aunque sean de tamaño similar o incluso mayor. Se trata de dos firmas punteras del sector del acero con diferentes políticas empresariales pero que, por eso mismo, podrían llegar a ser complementarias. Arcelor, el conglomerado europeo que tiene varias factorías en España, trabaja el acero desde el plano de la calidad mientras que la compañía india se ha inclinado por la cantidad.
La resistencia de Arcelor a aceptar una OPA calificada de hostil y perjudicial para el futuro de la compañía anuncia una larga batalla de estrategias, agudizada en las últimas horas tras su subida en Bolsa hasta situar su capitalización en niveles muy próximos a los de Mittal. Aunque es una empresa con su estructura de capital fuertemente diseminada y con una elevada liquidez bursátil, lo que en principio podría favorecer el triunfo de la OPA, la operación hay que medirla bajo parámetros que superan el estricto ámbito económico: Arcelor es una empresa de aluvión que aglutinó a grandes compañías nacionales, muchas de ellas propiedad del sector público y todas sometidas a traumáticos procesos de reconversión que conllevaron severos recortes en sus plantillas, y aunque ha pasado mucho tiempo, aún no se ha apagado la sensibilidad social que existe en España y en Europa en relación a compañías que se consideraron patrimonio nacional, como Ensidesa o Altos Hornos de Vizcaya.
Desde un punto de vista industrial, el acero ha vivido unos momentos muy dulces, aunque las inversiones efectuadas por China han cambiado la estructura del sector. En este escenario, la creación de gigantes corporativos tiene ventajas indudables que incluso la propia Arcelor utilizó para justificar su creación y que ahora 'recicla', pero para oponerse a la amenaza de Mittal. En cualquier caso, para que la operación triunfe es necesario convencer a unos accionistas que, además de no contar con una oferta sencilla de analizar, tienen la posibilidad de vender sus acciones en el mercado y obtener dinero líquido e inmediato gracias a la subida de un 30% en Bolsa.