El pasado jueves contactó por última vez con su mujer, Katia. Le explicó que había montado la tienda del vivac a 7.600 metros de altitud y que al día siguiente saldría para la cumbre. También le dijo que estaba cansado porque el frío y las condiciones meteorológicas, con temperaturas de 35 grados bajo cero, casi no le habían permitido dormir, pero que se sentía en forma y motivado y que en cuatro o cinco días esperaba estar de vuelta en el campo base.
Desde entonces, el silencio ha sido lo único que se ha escuchado desde el Makalu, la quinta cumbre más alta del planeta (8.463 metros). El alpinista francés Jean Christophe Lafaille (39 años), un referente en su generación, uno de los mejores de las dos últimas décadas, no ha vuelto a dar señales de vida. Su objetivo era ascender en solitario y en pleno invierno el que hubiera sido su duodécimo 'ochomil'. Una vuelta de tuerca más en su objetivo de lograr los catorce 'ochomiles' al margen de sus rutas y fechas habituales.
Katia Lafaille, que ejerce como representante de su marido, comenzaba ayer asumir el desenlace al afirmar que hoy volará a Nepal «para dar el último adiós» a Jean Christophe. Su plan es volar hasta el campo base el 4 de febrero para recoger su efectos personales y erigir un 'chorten', pequeño monumento budista, en su memoria.
Tienda intacta
Hasta ayer mismo guardaba alguna esperanza -«la última vez que hablé con él la comunicación fue bastante mala porque se le estaban agotando las baterías»- pero el vuelo que ayer realizó un helicóptero sobre la vía, a petición suya, acabó por abrirle los ojos. «El helicóptero, un potente Nikoyan MI-17, ha segundo el itinerario hasta los 7.400 metros de altitud, efectuando varias pasadas», explicó ayer Serge Koening, profesor, como Lafaille, en la Escuela Nacional de Esquí y Alpinismo gala, amigo suyo y coordinador de la operación de búsqueda. «Han visto la tienda de su último campamento, pero sin señales de vida. Hay que rendirse a la evidencia. No se puede hacer más», sentenció.
Paradójicamente, después de tantos días, la peor noticia ha sido atisbar intacta desde el cielo la tienda. Eso significa que no ha vuelto de su intento a cumbre. «La hipótesis más probable es que haya caído en una grieta», ya que en la zona que debía atravesar había muchas, explicaba ayer el meteorólogo Yan Giezendanner, el encargado de mandarle los partes del tiempo desde Chamonix. Y aunque no haya sufrido una caída «médicamente hablando, el plazo máximo de supervivencia de un ser humano por encima de los 8.000 metros es de cinco días, y contando con las mejores condiciones posibles», aclaró Koening. El plazo se cumplió ayer.
El francés está solo en la montaña. En el campo base se encontraban únicamente su cocinero y dos ayudantes, pero totalmente ajenos a lo que sucedía más arriba. No tenían medio de comunicación con Lafaille, que sólo hablaba con su mujer a través de un teléfono satélite. Ayer, el helicóptero trasladó a dos de ellos a Katmandú, el tercero se ha quedado para esperar a Katia.
Al inicio de la expedición, el escalador ya había declarado que era consciente de que «si me ocurre algo por encima de los 7.000 metros nadie vendrá a socorrerme».
Ésta no era la primera experiencia de Jean Christophe en condiciones tan extremas. El año pasado se convirtió en el primer alpinista en ascender un 'ochomil' solo y en invierno y además abriendo una ruta nueva: el Shisha Pangma (8.027 m.). Sin embargo, su proeza se vio posteriormente envuelta en la polémica ya que aunque hizo cumbre el 11 de diciembre y en condiciones realmente invernales, no lo hizo dentro del invierno 'oficial'. Finalmente, el gobierno nepalí acabó por despojarle del 'título' para dárselo al italiano Simone Moro y su equipo, que subieron, aunque colocando más de 2.000 metros de cuerda y por la ruta mormal, el 14 de enero.