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Miércoles, 1 de febrero de 2006
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CULTURA
CRÍTICA DE CINE
La isla de las almas perdidas
La isla de las almas perdidas
TERROR. Tom Welling da vida a Nick Castle.
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Una tripulación de marineros que regresan de ultratumba para vengarse de los inicuos habitantes de una isla maldita son los protagonistas de esta innecesaria nueva versión de un pequeño clásico del cine de terror, titulado 'La niebla' (1980), de John Carpenter, firmado, esta vez, por el inexperto cineasta británico Rupert Wainwright. Lo primero que llama la atención es el hecho de que sea el propio Carpenter el encargado de producir este descafeinado 'Terror en la niebla'.

Cine de baratillo, pues, para un subproducto de mero consumo, inverosímil en muchos aspectos, aliñado con unos efectos especiales que no añaden ningún atractivo al plúmbeo conjunto. Está interpretado, para más 'inri', por actores hollywoodienses de nuevo cuño -con el aspirante a Superman de la teleserie 'Smallville' al frente-, que se muestran incapaces de dotar de convicción a sus pobremente diseñados personajes. Esfuerzo baldío, por tanto, el encarado esta vez por el Carpenter productor, mientras que el inepto director Wainwright demuestra a pie juntillas su obvia incapacidad para dotar de tensión, suspense y terror a tan fantasmagórica historia.

La visión de la cinta produce una enojosa sensación de 'déjà vu'. Secuencias, personajes y diálogos parecen confeccionados de retales pertenecientes a múltiples películas. Y Wainwright se limita a trastear el artefacto de forma desaliñada e involuntariamente risible, para colmo incapaz de sacar punta a las veleidades sardónicas de un ,'a priori', pavoroso cuento gótico.




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