Avanzó el TAU sobre el alambre y esa temeridad casi le costó un serio disgusto. Más grande si se echa un vistazo a la hoja del calendario. La 'décima' en la Euroliga nació de una noche alocada, irreflexiva y -por momentos- casi surrealista. No es que el Bamberg, revelación del presente torneo, impusiera una batalla extenuante. O que se aplicara con un ardor asfixiante. Es que contagió con su delirante ritmo a un Baskonia que se descontroló hasta el límite. Al menos, cuando alcanzó la fase decisiva, al cuadro de Perasovic le bastó con engarzar una ristra de lucidas acciones con otros tantos ramalazos de fortuna. Ese oficio, ganado a pulso en canchas de media Europa, le permitió salvar el cuello. Y atisbar el podio del Grupo A.