Los más de 2.300 participantes en el Foro Económico Mundial de Davos clausuraron ayer la cumbre con una sesión dedicada a los negocios, en la que dirigentes empresariales analizaron las discusiones de la semana referidas al crecimiento potencial de China e India, grandes protagonistas de la reunión de este año.
Por ello, amplias delegaciones de China e India, así como de otros países orientales, han tratado de transmitir tranquilidad a la comunidad internacional y, ya de paso, atraer inversores extranjeros con la promesa de más apertura comercial y estabilidad normativa.
Además de la elevada competitividad de sus productos, que tira por los suelos los precios a costa, en muchos casos, de las condiciones de trabajo y la calidad de vida de sus habitantes, esas economías suponen un riesgo en la medida en que cada vez consumen más energía y hacen que se tambalee la garantía del suministro en otras partes del mundo.
Por otro lado, los más de 2.300 participantes en el foro han centrado sus encuentros en la necesidad de buscar soluciones creativas ante los grandes retos que afronta la economía mundial de cara a 2006, que, según los expertos, ya no son los clásicos de la 'burbuja' inmobiliaria o los avatares financieros de Latinoamérica.
Los 'gurús' de la economía mundial coincidieron en que ésta ha cambiado y que cada vez depende más de «imprevistos» que le son ajenos, un temor que no es de extrañar, dado el trágico cierre de 2005 en lo que a desastres naturales se refiere. Entre estos «imprevistos» el que ahora mismo quita el sueño a muchos de los economistas y políticos que asistieron al foro, y que apareció por primera vez en la agenda del encuentro, es el temor a que, como advierten los grandes organismos sanitarios internacionales, el temido virus de la gripe aviar (H5N1) consiga transmitirse con facilidad entre personas y genere una pandemia de ámbito global.