Frenética arrancada sobre el gélido circuito de El Ferial; inesperada pero gratificante sorpresa, determinante en realidad para el desarrollo de una carrera envuelta, por disputas con Lasarte, en arrullos de polémica. Al tirón de Disi Dioudonne, decidido a acelerar la prueba, no sólo respondieron especialistas como Ríos, García, Acierno, Moiben, De la Ossa o Workhu Beyi. También lo hicieron dos mediofondistas: Blanco Quevedo, inicialmente, y el norteamericano Alan Webb hasta el último suspiro.
Fue un detalle que, lógicamente, no pasó desapercibidio para nadie. Y mucho menos para los aspirantes que se empeñaron en realizar una minuciosa selección durante las dos primeras vueltas. Bastó con tensar la cuerda, con acelerar un poquito más la ya de por sí asfixiante marcha impuesta por el africano para librarse de todo el lastre. Pero no de la estrecha vigilancia del estadounidense que se aferraba a la estela de De la Osa y Alberto García como si en ello le fuese la vida.
Mala señal, coincideron en apuntar los 'crossman' de cabeza al ver la solvencia con que se movía Webb a sus espaldas. Se imponía la adopción de medidas extraordinarias para deshacerse de un hombre mucho más rápido en los metros finales, un atleta capaz de abrir un abismo sobre sus rivales en los últimos quinientos metros. Se ajustaron aún más las vielas, pero el zarpazo no hizo sino dejar fuera de estela a Acierno, Moiben y Beyi, sin dañar la reserva del americano que seguía a la expectativa, consciente de los tirones que efectuaban desesparados Disi, en primera instancia, y al alimón De la Ossa y Ríos, con mayor contundencia.
Desconcertante balance. Con los dos españoles al frente del dispositivo táctico, García perdía el sitio después de Moiben y la carrera quedaba cerrada a cuatro atletas. Uno de ellos fuera de programa. Con Webb no contaba nadie, salvo él mismo que optaba por fijar su ritmo en la zancada de Disi para observar, con cinco metros de desventaja, la tácita y razonable coalición formada por Ríos y De la Ossa.
Relevos constantes
Se suponía que la prueba entraba, tras el paso por meta, en la última vuelta al circuito, pero el juez de llegada dijo que dos y con su decisión, seriamente discutida por los dos corredores de casa, no hizo sino aparcar el golpe de gracia. Porque al señalarse la última, los relevos de Ríos y De la Ossa se hicieron más constantes, mucho más duros. Y Webb acabaría cediendo, incluso, al empuje del ruandés con el que viajaba a plena satisfacción.
La carrera quedaba, por decisión implícita de los protagonistas, en un mano que se libró en la última recta, a pleno rendimiento, revalorizando aún más la figira del conquense que va ahora camino del Nacional de clubes.