'Obaba' era la gran favorita de la noche con diez nominaciones. Y se conformó con el Goya al mejor sonido. Fue la gran perdedora de una gala plúmbea marcada por la nostalgia al repasar veinte años de historia de los premios, que discurría con la misma lasitud con que nevaba en el exterior del Palacio de Congresos de Madrid. Isabel Coixet, recién aterrizada del festival de Sundance, agradeció con su habitual jerga entre nerviosa e infantil los Goya a la mejor película, dirección, guión y producción. Antonio Banderas lució su mejor sonrisa al desvelar la cinta triunfadora: hacía 19 años que no pisaba la ceremonia.
Hablada en su versión original en inglés y protagonizada por actores extranjeros, 'La vida secreta de las palabras' podía resultar en apariencia demasiado 'indie' para los gustos de los académicos. No fue así. La otra favorita, 'Princesas', se conformó con tres estatuillas. Candela Peña no tenía rivales como mejor actriz. «Superemocionada», dedicó el premio «a su príncipe, Fernando León». Óscar Jaenada, lo mejor de la mediocre 'Camarón', proporcionó el tercer Goya a la cinta biográfica de Jaime Chávarri, la otra gran sorpresa de la noche.
Fueron unos Goyas muy repartidos en una ceremonia presentada sin guión por Concha Velasco y Antonio Resines, que se alargó hasta la extenuación a causa de los interminables agradecimientos. Una gala basada en las imágenes y pensada para la televisión, que condenó a los aburridos asistentes en el Palacio de Congresos a contemplar una pantalla hasta pasadas las dos de la mañana. Con un meritorio trabajo documental, que hasta logró el agradecimiento de Woody Allen, Goya a la mejor película europea por 'Match Point'; el director, eso sí, delegó en su hermana para recogerlo.
El escenario, que simulaba un patio de butacas con sombreros de Eduardo Úrculo, estaba presidido por una pantalla desde la que emergían los presentadores de sus propias películas. El repaso a la historia de los premios fue doble: a través de fragmentos de títulos vencedores y con las parejas de presentadores, uno veterano y otro recién llegado. La nostalgia daba paso a la triste realidad: la 'chica Serrano' Verónica Sánchez junto a José Sacristan -éste ausente de la gran pantalla desde hace años- ejemplifican lo que ha cambiado el cine español en los últimos dos decenios.
Una nerviosa Mercedes Sampietro agradeció a la ministra su asistencia -no fue Zapatero- y soltó un discurso que podría haber firmado Carmen Calvo. Constató que 2005 ha sido «un año duro para las salas de cine», pero el cine español ha sacado «buena nota» al subir tres puntos la cuota de pantalla. Cada vez hacemos mejores películas, lástima del DVD y el pirateo, «los políticos que no ayudan, esas tribunas mediáticas desde las que se presume de no ver nunca películas españolas y la cicatería de algunas televisiones». El colofón al discurso también llevaba la marca de la ministra: «un brindis con cava catalán».
Venerables señoras
Destellos de emoción en una sucesión de actores que parecían dialogar para ganar tiempo: el cachondo de José Corbacho con traje azul turquesa -mejor director novel por 'Tapas'- invadiendo el escenario para felicitar a Elvira Mínguez, mejor actriz de reparto. O Carmelo Gómez metiéndose los faldones de la camisa por un Goya de reparto inesperado. También se respiró un aire de reconciliación, con constantes recuerdos a José Luis Garci, y la pareja Carmen Maura y Agustín Almodóvar, este último dado de baja en la Academia hace un par de años. Qué casualidad: 'La vida secreta de las palabras' está producida por los Almodóvar.
La actriz puertorriqueña Micaela Nevárez inició la concisa cuenta de galardones de 'Princesas', que poco después veía recompendada la canción de Manu Chao. No vino el músico francés, sino una representante del colectivo de prostitutas Hetaira. '7 vírgenes' consiguió su única estatuilla con el Goya al actor revelación para Jesús Carroza, un chaval sevillano que se puso por primera vez delante de una cámara en este drama de barrio.
Pedro Masó aportó la emotividad al brindar el Goya de honor a sus hijos, «por no haberles dedicado el tiempo que merecían». Rodeado de aquellas 'chicas de la Cruz Roja', hoy venerables señoras, recordó su primer sueldo como actor cuando tenía catorce años: 27 pesetas. Breve y conciso, Santiago Segura ironizó con «España y sus naciones», casi sabiendo que el productor de Coixet despediría la noche con un 'bona nit'. Hizo suspirar por qué no presenta él solito la ceremonia el año que viene.
Más información
La ceremonia al detalle y fotos de los premiados en:
www.elcorreodigital.com