No tiene más de dos meses y anteayer alguien, probablemente su madre, que permanece en paradero desconocido, la vistió de rosa por última vez y la introdujo con una tabla de madera en una bolsa de basura, que cerró convenientemente. A continuación, la arrojó al lago Pampulha, en Belo Horizonte, ciudad brasileña situada a 500 kilómetros al nordeste de Sao Paulo. La tabla impidió que se hundiera enseguida y la casualidad hizo que una pareja oyera a tiempo algunos gemidos que venían del agua y que se interesara por un paquete semiflotante que parecía contener algo vivo: «Pensé que era un gato», comentó José da Cruz, un auxiliar administrativo de 40 años de edad.