«¿Qué estuvieron haciendo en Toledo los de 'maitines' en lugar de preparar la respuesta a un posible acuerdo de Zapatero sobre el Estatuto?», se preguntó esta semana un miembro del comité ejecutivo popular, en coincidencia con otros cargos del partido que lamentaron la falta de estrategia de la dirección y los errores cometidos tras el pacto del presidente del Gobierno con CiU.
La equivocación de Mariano Rajoy a la hora de presentar la recogida de firmas para pedir un referéndum a Zapatero -al plantear la medida como una iniciativa legislativa que no admite la Constitución- se suma a las discrepancias internas ventiladas por los miembros de la cúpula y el partido en Cataluña, además de poner de manifiesto la falta de nuevo discurso ante la nueva situación creada el pasado domingo, según el análisis que hacen dirigentes críticos con la gestión de la dirección.
El lunes por la mañana, Acebes aseguró que nada había cambiado y todo permanecía igual que el 30 de septiembre pasado. Ni él ni Mariano Rajoy apreciaron el cambio de alianzas que adelantaba el acuerdo de Rodríguez Zapatero y Artur Mas. Ambos siguieron culpando a ERC y al pacto del Tinell -suscrito por el tripartito catalán- de las cesiones del presidente del Gobierno. Incluso, el 'número dos' del PP habló de la satisfacción de Carod-Rovira por el triunfo de sus tesis, a pesar del malestar de los dirigentes de ERC por el pacto suscrito a sus espaldas.
La sensación de desconcierto no pasó desapercibida en el partido. «Piqué metió la pata pero también se cometieron muchos errores, no hubo previsión ni 'plan B' para responder a la situación». Ésta era una opinión compartida por dirigentes territoriales que acudieron el miércoles a la cumbre autonómica que celebró Rajoy en Madrid. «La presentación de la recogida de firmas para el referéndum se hizo mal y resultó inoportuna», reconoció uno de los directivos que defendió la propuesta cuando se acordó el lunes en el comité de dirección.
Entre los parlamentarios también cundió el desánimo por la incómoda situación política que se agravó con la amenaza de dimisión del dirigente catalán. El cierre de filas fue el antídoto que los 'barones' autonómicos aplicaron a la delicada situación y alguno de ellos justificó los deslices de la cúpula por lo sorprendente de la actitud de Rodríguez Zapatero. «Todavía tenemos mentalidad de gobierno y no nos podíamos creer que Zapatero iba a utilizar a ERC como un 'kleenex' y que pactaría con CiU un modelo de financiación que nos dejará sin Estado», explicó un responsable territorial.
Hipótesis anticipada
Sin embargo, no puede decirse que el equipo de Rajoy no hubiera estudiado la posibilidad de un posible pacto entre el Gobierno y Mas. Fue Piqué quien defendió esta hipótesis como la más probable cuando presentó a sus compañeros de 'maitines' los posibles escenarios de la reforma. En Toledo, en la reunión especial de principios de año, aseguró que había muchas posibilidades de que saliera un Estatuto muy ambiguo mediante un pacto de los socialistas con CiU. También dijo que la situación sería de difícil gestión para el PP, que tendría que desenmascarar el 'maquillaje' al que se sometería el texto y censurar el pacto del Gobierno con un partido que también ha sido aliado de los populares. Por otra parte, el portavoz en el Senado, Pío García Escudero, advirtió de que el desgaste de Zapatero por la tramitación del Estatut perderá sus efectos con el tiempo y el electorado se olvidará de sus errores meses después de la aprobación de la reforma.
La coincidencia sobre el diagnóstico fue plena hasta el punto de que Rajoy reconoció en la rueda de prensa posterior que el Gobierno pactaría un texto interpretable y dio por descartada la posibilidad de que la reforma fracasara. Sin embargo, algunos dirigentes creen que, pese a manejar anticipadamente la hipótesis, los responsables del partido no llegaron a creerse nunca que Zapatero lograría cambiar partes fundamentales de la propuesta y que los nacionalistas catalanes aceptarían tal cosa.