No hace tanto tiempo que una gala nacida para promocionar el cine español daba razones para el escepticismo: Ana Obregón, las hermanas Hurtado y Martes y Trece entregaron algún premio; ¿hasta Pedro Ruiz estuvo nominado como mejor actor por 'Moros y cristianos'! Hoy los Goya todavía se contemplan con la ceja levantada, como un mero espejismo de una industria siempre al borde del abismo, pero nadie discute su eficacia publicitaria: la cinta ganadora esta noche empezará mañana una segunda carrera comercial.
No ocurría lo mismo el 16 de marzo de 1987, cuando el teatro Lope de Vega acogió la primera edición de los Premios Anuales de la Academia, denominación correcta de los galardones en las publicaciones oficiales desde que la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Zaragoza demostrara ante los tribunales tener registrado el nombre de los premios. Aquel año asistieron los Reyes, pero no el vencedor absoluto, Fernando Fernán-Gómez, guionista, director y protagonista de 'El viaje a ninguna parte'. Otro que ha desairado a los académicos ha sido el guionista Rafael Azcona, que con seis Goyas -más uno de honor- jamás ha pisado una gala.
Las ediciones memorables siempre han contado con polémicas previas. Como cuando el productor Pedro Costa denunció que José Luis Garci pagaba las cuotas de los académicos morosos (45 euros al trimestre) a cambio de votos para 'El abuelo'. Pedro Almodóvar también ha mantenido una relación de amor-odio con la institución, que unos años le ha ignorado y otros colmado de medallas. Hasta que en febrero del año pasado, tragando bilis por el ninguneo a 'La mala educación', se dio de baja junto a su hermano Agustín. La imagen del presidente de la institución José Luis Borau levantando sus manos pintadas de blanco contra el terrorismo en 1998 no hizo correr tantos ríos de tinta como las camisetas que lucieron los miembros de Animalario en la gala de 2003, convertida en un monográfico contra la guerra de Irak y el gobierno del PP.