Dicen que sus brazos manejaban la guadaña con más destreza que los de cualquier hombre. Sus manos, ahora cálidas y tiernas al tacto, lavaron la ropa en el río durante décadas. Sus pechos amamantaron a nueve retoños y a otras tres criaturas a su cargo. Benantzi Barrenetxea superó la gripe de 1918, la Guerra Civil y los difíciles años posteriores; ha enterrado a su marido y a tres hijos; acaba de recuperarse de una neumonía y el 22 de febrero cumplirá 101 años en la casa de Berriz de su hija Miren, la pequeña, de 59 años.