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Sábado, 28 de enero de 2006
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SOCIEDAD
 
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TRES GENERACIONES. Miren (izquierda) y su hija Ainhoa (derecha) conversan con la abuela Benantzi en su casa de Berriz. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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Dicen que sus brazos manejaban la guadaña con más destreza que los de cualquier hombre. Sus manos, ahora cálidas y tiernas al tacto, lavaron la ropa en el río durante décadas. Sus pechos amamantaron a nueve retoños y a otras tres criaturas a su cargo. Benantzi Barrenetxea superó la gripe de 1918, la Guerra Civil y los difíciles años posteriores; ha enterrado a su marido y a tres hijos; acaba de recuperarse de una neumonía y el 22 de febrero cumplirá 101 años en la casa de Berriz de su hija Miren, la pequeña, de 59 años.
 
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