-Las feministas le odian, por los personajes femeninos de sus libros. ¿Qué opina?
-Sí, pero en cambio los gays me adoran, para que tú veas. No entiendo nada. Yo recibo todos los días unas cuantas cartas muy cariñosas, incluso de cubanos que viven fuera y me dicen que mis libros les ayudan a sobrevivir. Así que esa parte positiva es más importante. A las críticas no les hago caso.
-¿Pero se ve machista o es el estilo de vida de Cuba?
-La sociedad cubana es machista, racista... Es imperfecta, como todas. A mí no me da la gana escribir como determinadas personas quieren. Mis libros son realistas y si los personajes son machistas así los reflejo.
-Esos grupos destacan que muchas de las mujeres de sus libros son prostitutas o venden ocasionalmente su cuerpo por muy poco. Quizá de ahí viene la crítica.
-No he leído muchas críticas, porque las miro por arriba y las aparto. No sé, estas pobres feministas me parece que están un poco angustiadas; quizá ellas no tienen mucho sexo y se preocupan por las que sí lo tienen. Siempre hay un trasfondo en esto. Yo trato de ser respetuoso con todo el mundo, pero también me gusta que me respeten a mí.
-Lo que acaba de decir no va a mejorar sus relaciones con esos grupos...
-Pues que empiecen a criticar. A mí me da igual. Un escritor lo que hace es provocar al lector para que piense. Hay mucha gente que me dice que después de leer 'El rey de La Habana' ve a los mendigos de otra forma. Eso es maravilloso, que un lector te diga que una novela le ayudó a cambiar su pensamiento.