La furgoneta adaptada que cada mañana va recogiendo ancianos para llevarlos a los centros de día es una estampa tan habitual en Vitoria como la de los autobuses escolares. ¿Y en el resto de la provincia? La imagen es similar. La diferencia es que no recorre calle por calle, sino pueblo a pueblo. Una segunda característica de los centros de atención rural es que sus usuarios son abuelas y abuelos con dolencias, físicas o mentales, ligeras, es decir, la gran mayoría disfruta de cierta autonomía en su vida diaria.
Y es que estas instalaciones buscan acoger a unos mayores que viven solos o cuyos hijos pasan gran parte del día fuera de casa. «Una de sus funciones más importantes es romper el aislamiento de estas personas, lograr que disfruten de contactos sociales y tengan una estimulación», resalta del director de Asuntos Sociales de la Diputación, Patxi Sandín.
Este modelo de servicio asistencial fue puesto en marcha en 1998 por la entonces titular foral de Bienestar Social, la peneuvista María Jesús Aguirre, para dar respuesta a las necesidades que conlleva el progresivo envejecimiento de la población rural. El primero que se abrió fue, en octubre de ese año, el de Artziniega. Después lo han hecho otros doce, aunque dos han cerrado después sus puertas. El de Elciego, por falta de demanda y el de Campezo, porque el local no reunía condiciones. Pese a estas dos bajas, la red se ha ido extendiendo por toda la provincia.
Frente a la resistencia inicial de las personas mayores a salir de su casa, aunque sólo sea unas horas al día, este modelo pionero en España ha terminado por asentarse. Cada vez hay más demanda y, en consecuencia, menos plazas vacantes. Y es que las 125 disponibles en estos momentos, 99 están ya ocupadas.
El perfil de los usuarios del servicio es el de una persona octogenaria, la mayoría de las veces una mujer, que vive sola en algo más de un 40% de los casos. Más de la mitad de los ancianos -el 52,5%- presenta alguna discapacidad leve, y sólo el 20,3% goza de total autonomía. El 43% son personas casadas.
Viajes con la Cruz Roja
A todos ellos, los centros les ofrecen servicio de comida, así como cuidados personales e higiene, además de actividades psicomotrices y de ocio «y, sobre todo, compañía», subraya Sandín.
El coste para las arcas públicas de la red rural es elevado. La Diputación abonará este año 511.310 euros, es decir, el 80%. El resto -127. 827 euros- lo ponen los ayuntamientos. Además, la Administración alavesa corre con la totalidad del transporte adaptado que presta la Cruz Roja y que supone otros 350.000 euros.
Si se suman todas estas cantidades, el coste por plaza se aproxima a los 8.000 euros al año. Las tarifas que pagan los usuarios apenas cubren una pequeña parte, de modo que el desembolso público es de unas 7.200 euros por personas. Y es que la tarifa máxima de 127 euros mensuales -incluye comida y actividades de estimulación- la abonan sólo aquellos ancianos cuya renta per capita supere los 939 euros al mes.
Pese al importante gasto que suponen estos recursos, el Gabinete Rabanera proyecta consolidar la red. «Estos centros cumplen una función muy importante en la zona rural al posibilitar la permanencia de las personas mayores en su entorno de siempre», comenta el director de Bienestar Social. Es por ello que a lo largo de este año la Diputación prevé la apertura de tres nuevos servicios. Así, además de los de Araia y Maeztu, se recuperará el de Campezo.