El Correo Digital
Viernes, 13 de enero de 2006
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OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Ceniceros
Pues muy bien. Ya tenemos la flamante ley antitabaco en vigor y mal que bien se está cumpliendo. La figura del fumador a la puerta de su oficina echando un pitillo, generalmente con ansiedad y bastante helado por estos lares, ha pasado a formar parte de nuestro paisaje urbano, como lo habíamos visto antes en otras ciudades del mundo o por televisión. Soy fumador y yo mismo formo parte de ese paisaje. Por ello, con conocimiento, compruebo que cerca de oficinas y edificios públicos empiezan a abundar las colillas por la calle. Se dirá que los fumadores somos unos marranos y que podíamos llevarnos la colilla. Cierto, pero también que si la llevamos a la oficina y la tiramos a la papelera huele mal y algún mal pensado hasta nos puede acusar de habernos saltado la ley. ¿Tanto costaría a alguna de nuestras dos mil administraciones -Gobierno central, vasco, provincial o local- invertir unos euros y poner en esos puntos uno de esos grandes ceniceros que todos hemos visto cuando viajamos por ahí? En su defecto, ¿podrían hacerlo las empresas?



Vocento
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