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Jueves, 12 de enero de 2006
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CULTURA
CULTURA
OPINIÓN/Retroceso
La verdad, sí, es que sería un gran retroceso cultural el considerar legalmente la existencia de apología de la violencia en las obras de arte, por mucho que algunas contengan o hayan contenido elementos y escenas aterradoras, de mal gusto o, simplemente, crueles y chocarreras. Por esa misma regla, también tendrían que haber procesado a Antonine Artaud por los gestos y sonidos inusuales de su teatro del absurdo o haber sentenciado a Tiziano o Pollaiolo por sus martirios de San Lorenzo y San Sebastián, ambos bien cargados de santos colgados, lanceados y torturados.

El arte no delinque, aunque en su nivel séptimo apareciera Glenn Ford practicando la violencia de género con Rita Hayworth en peculiar representación dirigida por Charles Vidor. Incluso, hasta la llegada de esta posmodernidad que todo lo cuestiona, a nadie se le había ocurrido acusar de apología de la violencia ocular a Buñuel y Dalí por la aterradora idea de presentar en 'Un perro andaluz' aquella escena surrealista de una hoja de afeitar cortando un globo ocular.

Son trucos expresivos y metafóricos, como diría Cabrera Infante, porque sabemos que la sangre del cine es ketchup y la violencia del arte una denuncia expresa de la violencia social. La misma que representaba David Delfín en clara referencia a Buñuel y Magritte o ésta que ahora escandaliza de Jordi Benito. Como diría André Bretón, en un mundo donde la libertad está por rehacerse, no tiene sentido el empezar por quitársela al creador, al artista.



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