Nuestro Deportivo Alavés se desliza, todo apunta que irremediablemente, hacia el pozo de la Segunda División y, desgraciadamente, aquí parece importarle muy poco a nadie, más allá de unos cuantos fieles aficionados que acudimos de toda la vida a Mendizorrotza a pesar de los pesares. La verdad es que no sé de qué me asombro. Cuando hace año y medio Gonzalo Antón vendió sus acciones nadie sacó su dinero del banco ni movilizó a la gente que en grupo podía haberlas adquirido y nuestro equipo pasó a manos de una persona como Piterman. Nada de lo que ha hecho este millonario debe sorprendernos. Para él esto es un negocio y hoy está aquí y mañana, allá. El problema es para la ciudad y para los aficionados. Si bajamos y Piterman se cansa, el club puede terminar desapareciendo. ¿Dónde están esas personas con posibilidades económicas que aman su tierra para hacer algo? ¿Dónde nuestros políticos para impulsarlo? En otras provincias próximas sí que se han movido y han apoyado a la gente de la tierra para que guiara los destinos de sus clubes, incluso dando dinero. Aquí nada de nada. Eso sí, a Dortmund, a la final de la UEFA, bien que fueron todos, y supongo que gratis, a sacar pecho. ¿Qué pena! Ojalá alguien reflexione un poco sobre estas pocas líneas que no son sino un grito para que entre todos salvemos a nuestro equipo.