El Correo Digital
Miércoles, 11 de enero de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
CON REMITE
Buenos alimentos
De todos es sabido que en este país se come de forma muy poco saludable: apenas se desayuna, se come poca fruta, lácteos y cereales, las verduras siguen siendo las grandes proscritas de la dieta, la carne rebasa con creces al pescado en los gustos habituales y se consumen muy pocos huevos en contraste con la continua alusión a los mismos que se encuentra en cualquier conversación cotidiana. El resultado es claro y preocupante: cuatro de cada diez vitorianos está gordo (o tiene sobrepeso, si queremos utilizar el lenguaje políticamente correcto), y no hace ejercicio o lo hace muy poco. Lo he dicho antes: el panorama resulta preocupante.

Entre el estúpido culto al cuerpo que quiere convertirnos a todos en protagonistas de un anuncio de Danone y la desidia respecto al físico de cada uno, puede haber espacio suficiente para hacer las cosas bien y mantenerse en cierta forma. No soy partidario en absoluto del culto cuasi religioso a la buena forma física, que según he comprobado en gente que conozco causa más quebrantos que otra cosa, pero sí de preservar en la medida de lo posible la condición idónea para poder subir una escalera sin echar el hígado en el intento. Y en eso la alimentación es fundamental: desayune, coma con moderación, meriende con mesura y cuídese un poco en la cena. Beba más leche si no es alérgico a sus componentes y disfrute de la fruta (perdón por el juego de palabras). De esa manera llegará al catafalco en perfecto estado de revista. Y con buen color.



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