-¿Cuántos libros tiene?
-Unos 30.000 volúmenes.
-Confiéselo: no los ha leído todos.
-Pero sí una gran parte. Tengo algunos como los de la colección Adonáis que dudo que nadie tenga en España. Yo he sido muy constante en mis aficiones.
-¿Cuál es la mayor joya de su biblioteca?
-Seguramente las poesías de un poeta latino; no me acuerdo del nombre. Un poeta del siglo IV en una edición del XVII.
-Entonces, se ha pasado usted la vida de librería en librería, trabajando, leyendo, escribiendo, atendiendo a la familia. ¿Cómo le daba tiempo?
-Yo también me he sorprendido. Trabajaba mi jornada en la caja de ahorros, nunca he escatimado un minuto, y luego estaba en todas esas cosas.
-¿Con qué tipo de lectura disfruta más?
-Con la prosa y el ensayo.
-Ha participado intensamente de la vida cultural de Bilbao.
-Ahora hay una gran orfandad. En los tiempos del franquismo celebrábamos tertulias que eran además refugio político y cultural. Lo malo es que todo se consumía allí; no tenía proyección hacia fuera. La única proyección es que te pudieran procesar. Lo pasábamos bien, pero allí se quedaba todo. Queríamos hacer la revolución pero una revolución que iba a tardar cien años. Leíamos libros, nos los prestábamos... Durante un tiempo fui muy progre.