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Jueves, 5 de enero de 2006
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OPINIÓN
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Fumar o no fumar: una decisión libre
Los fumadores pueden decidir libremente dejar de fumar y actuar en consecuencia siempre que estén lo suficientemente motivados para ello. Son numerosísimas las personas que han abandonado, y siguen abandonando, el consumo de tabaco. Algunos autores sostienen que la mayoría de los fumadores son adictos a la nicotina y, por lo tanto, incapaces de tomar libremente la decisión de dejar de fumar. Esta afirmación sugiere que los fumadores no tienen control sobre su comportamiento y que hay algo en los cigarrillos o en el acto de fumar que supera la capacidad de libre elección del individuo. No hemos encontrado justificación para esta alegación ni en nuestra considerable experiencia clínica ni en las publicaciones médicas ni científicas. Los fumadores pueden dejar de fumar por sí mismos siempre que así lo decidan y cuenten con la motivación suficiente para ello. De hecho, quienes consiguen este objetivo lo hacen como resultado de un proceso cognitivo basado en la motivación personal y la autoeficacia, es decir, la confianza en la propia capacidad para llevar a cabo una acción determinada.

El consumo de tabaco no parece ser la causa de ninguna disfunción mental específica. En contraste con lo que sucede con muchas otras sustancias, el tabaco no afecta a la capacidad del fumador para actuar de manera responsable. Independientemente del número de cigarrillos que se consuman, fumar no afecta a la capacidad cognitiva del individuo ni por tanto a la de entender las cosas. Fumar no tiene efectos negativos sobre la inteligencia, la memoria, el lenguaje o las funciones psicomotoras, ni tampoco sobre la percepción espacial o temporal. Por ejemplo, y a diferencia de los consumidores de alcohol y de las conocidas como drogas 'duras', los fumadores pueden manejar maquinaria, vehículos de motor o efectuar trabajos de precisión, sin que su actuación se vea afectada negativamente. En consecuencia, aunque la exposición a la nicotina influye en el control del estado de ánimo, del apetito y del peso corporal, a la vez que facilita la ejecución cognitiva, parece que la capacidad de juicio, por lo general, no se ve afectada en la forma ordinaria del consumo, por lo que un fumador puede ser adicto a la droga y nunca comportarse en una manera aberrante o socialmente inaceptable que pueda ser imputada al consumo de nicotina en sí mismo.

Las estadísticas referentes al abandono del consumo de tabaco en todo el mundo, y en España en particular, demuestran que el número de fumadores que puede dejar de fumar, y de hecho lo hace, es más que considerable y así, en los últimos años, millones de personas han dejado de fumar en este país. Las estadísticas parecen mostrar con toda claridad que la decisión de dejar de fumar es un acto voluntario llevado a cabo por fumadores que cuentan con motivación para dejar de fumar. Por otra parte, esto coincide con la experiencia en el País Vasco, donde un 60% de los ex fumadores dejaron de fumar al primer intento, siendo los 37 años la edad media para dejar el tabaco (Gobierno vasco, 2001).

Por otra parte, se debe señalar que los eventuales síntomas de abstinencia durante el proceso de dejar de fumar no impiden que el individuo abandone este hábito. Muchos fumadores no experimentan síntoma de abstinencia alguno cuando dejan el tabaco. En el caso de quienes sí los experimentan, los síntomas son inespecíficos, leves, por lo general, y de una duración limitada, si los comparamos con los asociados al alcohol o a las denominadas drogas duras. Si examinamos las razones por las cuales algunas personas no abandonan el hábito tabáquico, tendremos que considerar como factor fundamental el hecho de que un gran porcentaje de fumadores en España no quieren dejar de fumar. Hay datos que nos sugieren que entre un 35% y un 90% de los fumadores españoles no quieren dejarlo (Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, 2000; Gobierno vasco, 2001; Conferencia de prensa. Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, Sociedad Española de Neumología y Sociedad Española de Especialistas en tabaco. Octubre, 2002).

Al igual que sucede con numerosas actividades placenteras, algunos fumadores pueden llegar a experimentar síntomas de abstinencia cuando dejan de fumar. Sin embargo, muchos ex fumadores no han pasado por estos síntomas al dejarlo. Resulta revelador que entre un 25% y un 50% de los ex fumadores hayan manifestado no haber sufrido síntomas de abstinencia cuando dejaron de fumar, como refiere la American Psychiatric Association en 1990. Nuestra experiencia profesional demuestra que incluso en aquellos casos en los que los fumadores sí padecen este tipo de síntomas, éstos suelen ser de carácter moderado, inespecíficos y por regla general desaparecen al cabo de unos pocos días. Observación que se ve respaldada por gran parte de las publicaciones médicas y científicas.

No existe ningún síndrome de abstinencia típico de la nicotina, a diferencia de lo que sucede cuando cesa el consumo de alcohol o de drogas duras. Al abandonar el consumo de estas sustancias suelen producirse síntomas de abstinencia perfectamente reconocibles que pueden debilitar al individuo o incluso ser potencialmente mortales. Por el contrario, las dificultades que se experimentan al dejar de fumar se pueden parecer más a las de hacer un régimen o a las de dejar de hacer algo que a uno le gusta. En todo caso la cuestión de la producción de un síndrome de abstinencia nicotínico continúa abierta al debate, ya que existen algunos datos contradictorios al respecto, y además, para complicar más aún las cosas, sabemos que algunos síntomas de abstinencia no desaparecen con la administración de chicles de nicotina (lo que indicaría la existencia de otras variables probablemente conductuales que influyen en la aparición de los síntomas).

Hay que aceptar, por tanto, que mucha gente que deja de fumar no experimenta síntomas de abstinencia del tabaco, y si los experimentan, suelen ser moderados: alteraciones del estado de ánimo, insomnio, irritabilidad, frustración o mal humor, ansiedad, dificultad para concentrarse, impaciencia, descenso en el ritmo cardiaco y aumento del apetito. Obviamente, estos síntomas son más bien leves, enormemente vagos y subjetivos, y pueden aplicarse a diversas alteraciones sin importancia de la vida cotidiana que no tienen nada que ver con el hecho de fumar o dejar de fumar. Además, ninguno de estos síntomas resulta potencialmente peligroso desde el punto de vista médico ni implica tampoco una pérdida de control que impida que podamos dejar de fumar.

Además de todo ello, ni siquiera la relativa gravedad de los síntomas de abstinencia de nicotina parece tener una relación clara con el hecho de dejar de fumar. No se ha encontrado asociación alguna entre la gravedad de los eventuales síntomas de abstinencia en los primeros días tras haber dejado de fumar y la posterior vuelta al consumo de tabaco. Del mismo modo, no se ha hallado ninguna correlación entre la gravedad de los síntomas de abstinencia y la recaída en el hábito de fumar tras un mes o un año de haberlo dejado. El hecho de volver a fumar parece tener más que ver con el desarrollo en el fumador de un estado emocional negativo o de estrés, o con circunstancias sociales placenteras, que con cualquier sensación experimentada durante el periodo de cese. Para terminar, creo que se debe transmitir a la población un mensaje veraz y positivo que no es otro que cada día dejan de fumar por sí solos gran cantidad de fumadores que no recaen ni tampoco deciden volver a fumar de nuevo. Actualmente, el número de fumadores en España y en la mayoría de países europeos sigue decreciendo. De hecho, en nuestro país hay ya aproximadamente cuatro millones y medio de ex fumadores, refiriéndonos a los últimos años. Obviamente, fumar es un hábito que puede abandonarse en cualquier momento y a cualquier edad.



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