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Miércoles, 4 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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«Mi barrio era un espacio de leyenda»
Santiago Tabernero aspira al Goya con 'Vida y color', la crónica nostálgica y amarga de España en los 70
DEBUTANTE. Santiago Tabernero presentó ayer en Bilbao su 'opera prima'. / FERNANDO GÓMEZ
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Santiago Tabernero tenía catorce años cuando murió Franco. Vivía en la periferia de Logroño y odiaba estudiar con los jesuitas. «Aquel barrio era el puto paraíso, un espacio mítico, de leyenda. Una calle sin asfaltar cortada por la vía del tren, que delimitaba la frontera de la ciudad. Justo al lado de la cárcel provincial, el psiquiátrico y el convento de Santa Justa». En aquella España en blanco y negro, los chavales jugaban y crecían en los descampados. Allí se abrían la cabeza a pedradas y daban su primer beso. Como apunta el director de 'Vida y color', «simplemente la palabra 'campa' tendrá un efecto de túnel del tiempo para muchos espectadores».

Si el olfato es el sentido más evocador, los fotogramas de su 'opera prima' deberían oler a goma de borrar y lápiz Alpino, a nocilla y chorizo pamplona. Tabernero no sólo ha puesto recuerdos en «una fábula negra» que llega a las salas este jueves, tras recibir el Premio del Público en el festival de Valladolid y la nominación al Goya de dirección novel. «Algo tengo que ver con el protagonista. Yo también era un patito feo de barrio que luchaba por crecer y ser querido, por formar parte de la pandilla. Con 'Vida y color' he exorcizado lo más inquietante de aquellos años: mi propia experiencia de crecimiento».

Una colección de cromos didácticos de los años 70, de aquéllos que se pegaban con harina y agua, da título a una historia de iniciación a la vida que, por el mismo precio, rememora «una España de pintura negra de Goya». Como guía, un chaval de catorce años al que sus compañeros de clase parten la cara a diario. Al menos, en el descampado sabe dónde está el peligro; en su hogar intuye que el soniquete del parte radiofónico con la agonía de Franco inundará de luz la oscuridad de los suyos: un padre mecánico que a duras penas llega a fin de mes, una madre peluquera de barrio, la hermana taquígrafa que sueña con comprarse una Olivetti y un abuelo que esconde una banderita republicana en la mesilla de noche.

Zona de pesadilla

¿Suena familiar? Tabernero, director del programa 'Versión Española' durante seis años, debe de estar harto de las comparaciones con 'Cuéntame', «una serie digna de lo que tendría que ser un canal público». La nostalgia costumbrista y dulzona de los Alcántara da paso en 'Vida y color' a la amargura y la sordidez. La época no era para menos. «Mi película comparte las bases neorrealistas de 'Cuéntame', pero su ambición es poética», defiende el realizador riojano. «Juega con imágenes como las metáforas y los símbolos, y se despeña hacia los territorios del cuento. Busca esa zona de pesadilla que recorre la Historia como un río subterráneo».

'Vida y color' se estrenó el año pasado durante una semana en un cine de Cuenca para competir por los Goya. Peleará con 'El habitante incierto', '¿Aúpa Etxebeste!' y -la favorita- 'Tapas' por un premio que no retirará a su director del periodismo. Tabernero regresará en breve a televisión con un programa de entrevistas, pero ya no volverá a ser el mismo espectador de antes. «Llevo toda la vida dedicado al periodismo cinematográfico, y, sin embargo, no tenía idea de lo que era el cine desde dentro. Mi mirada ahora es muy distinta. Valoro mucho más cuando una película me llega al corazón, como 'El niño', de los hermanos Dardenne; resulta un milagro que con tan pocos elementos y una cámara al hombro se pueda transmitir tanta emocion y verdad».

Observador privilegiado de la evolución del cine español, Tabernero constata que hacer una película en este país «sigue siendo un milagro». No descubre nada al señalar la falta de un tejido industrial, pero lamenta que los espectadores no terminen de dar su voto de confianza a una cinematografía contemplada con recelo. «Van a unas multisalas y prefieren entrar a una película americana que saben que les va a decepcionar. Salen cagándose de tanta explosión, claro, no dejan que les toquen el corazón».

El 'no a la guerra' de la gala de los Goya en 2003 también trastocó la percepción del cine español. Según Tabernero, sirvió para unir a la gente de la profesión y polarizar las actitudes políticas. «Ya sólo nos faltaba que algunos políticos y columnistas lo utilizaran para convertirlo en un rifirrafe de intetereses y oportunismos. He leído cosas tan desagradables, irresponsables y faltas de cariño que tendrían que estar penadas por ley. El cine español necesita confianza y un ambiente de interés, porque es un espejo del país. Hasta las peores españoladas son un reflejo de la época, casi como si fueran un drama social de Ken Loach».



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