El Correo Digital
Lunes, 2 de enero de 2006
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POLÍTICA
POLÍTICA
OPINION /Mediaciones eclesiales
Una gran parte de las actuaciones mediadoras entre el Gobierno y ETA han sido protagonizadas por religiosos o instituciones vinculadas a la Iglesia. Varios jesuitas con José María Martín Patiño, en 1984; la Comunidad de San Egidio, el responsable argentino de Paz y Justicia y premio Nobel, Adolfo Pérez Esquivel, y el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, en los noventa, son algunos de estos mediadores. Hasta con el arzobispo de Boston llegó a hablarse, aunque la cosa no pasó de ahí.

Ninguna de estas mediaciones eclesiales acabó bien. El único diálogo que concluyó con el abandono de las armas de una parte de ETA fue laico: lo protagonizaron Mario Onaindía, Juan María Bandrés y Juan José Rosón.

La semana pasada ha estado de nuevo en el País Vasco el sacerdote norirlandés Alec Reid, invitado habitual desde hace cinco años de diversas organizaciones nacionalistas. Para algunos es un mediador in pectore, para todos su tarea es predicar la pacificación. En sus manifestaciones más recientes ha mostrado su identificación plena con la interpretación nacionalista del terrorismo etarra al afirmar que ETA no es el problema, sino el síntoma del problema. Cree incluso, equivocadamente, que todos los partidos vascos quieren la autodeterminación y va más allá que la propia Batasuna cuando pide al Gobierno la «libertad anticipada» de presos. Ni la izquierda abertzale pide tanto. Al menos hoy.

El padre Reid ejerce de pacificador en el sentido que le da a este concepto Michael Ignatieff ('El honor del guerrero'): «Los pacificadores son imparciales por definición y no les compete establecer distinciones morales entre el agresor y la víctima, pero su sola presencia en la línea de demarcación ratifica de hecho las conquistas de los agresores e impide que las víctimas recuperen el terreno perdido». Así, Alec Reid considera que los miembros de ETA no pueden ver la situación «como una rendición». Los terroristas deben salvar la cara. Todo lo contrario de lo que defienden intelectuales como Joseba Arregi que sostiene que el final del terrorismo tiene que ir acompañado de una clara derrota política de ETA.

También ha hablado en los últimos días el obispo donostiarra con un mensaje navideño dedicado a la paz en el que incluye un par de esas frases que hacen que el resto de la prédica pase desapercibida. Dice Uriarte que «la aplicación excesivamente rígida de la ley» es un obstáculo para avanzar hacia la paz. Son muchos los ciudadanos vascos que opinan justo lo contrario: que si hay alguna oportunidad para la paz es porque al fin se ha aplicado la ley.



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