El Correo Digital
Lunes, 2 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
MUNDO
MUNDO
OPINION/El día de la marmota
Quién ha dicho que éste sea un nuevo año y no el anterior, o el anterior o el anterior. Con la resaca propia de la fecha me despertaba el domingo en 'El día de la marmota', con canciones de Rocío Jurado. No había periódico, ciertamente, pero la radio me recordó que todo seguía igual y que, como decía el maestro Azorín, la vida es ver volver. Llueve a cántaros fuera, los muertos en Irak sobresapan la veintena, Bush continúa añadiendo sandeces a su enciclopédico conocimiento en la materia al constatar «logros asombrosos» a lo largo de este pasado 2005 «en la historia de la libertad» (o tal vez sea mejor que vuelva a la bebida, que le recomendó Carlos Fuentes); Putin se afinca un poco más en la brutalidad de su alma soviética cerrando el gas a los ucranianos; Austria inaugura un nuevo mandato de la Unión con pedigrí ultranacionalista y resabios matinales de vals de Strauss; en los territorios ocupados, Hamás levanta la veda a nuevas y emocionantes barbacoas humanas; el colonialismo rampante del hambre y el sida se abren paso en África a través de la corrupción de sus dirigentes y el genocidio masivo a machete de unos contra otros; los sin techo paquistaníes sufren los rigores del invierno apremiados por un nuevo terremoto; una adolescente aparece asesinada y violada en una calle de Ciudad Juárez ; los iraníes se pertrechan de uranio para facilitar a la Humanidad el camino a la salvación, los genocidas serbios reciben una pensión del Gobierno mientras la OTAN los busca desesperadamente como a Bin Laden, mientras se menoscaba el territorio de libertad en favor de una imprecisa e improbable seguridad; Pinochet sufre los rigores de una persecución dulce de la justicia chilena que le llevará a la tumba cuando Dios lo quiera con honores de jefe de Estado y un interesante patrimonio repartido entre su indigente familia; Fidel Castro sigue repartiendo ollas, que no cocido, entre su hambriento y desesperado pueblo socialista y Cháves dice otra chorrada al despuntar el alba. A la revolución de los desesperados añado el nombre del boliviano Evo Morales y toco madera cuando Lula chapotea en el lodo, minado su proyecto redentor por el cáncer de la corrupción.

Hacía frío fuera y cuando comía un turrón sin azúcar, bebía una cerveza sin alcohol y hervía unas nécoras sin sal, tuve la tentación de pensar que me hallaba en el primer mundo, ajeno. Pero al quedar dormido ante el tormento de la televisión me asaltó la pesadilla de un Papa Noel con la cara y la barba lampiña de Rajoy que enjaretaba a Zapatero nuevas imprecaciones a ritmo de zambomba mientras Acebes, vestido de monaguillo, sostenía en sus manos una vela con un lacito de acebo en su base también con el mejor espíritu navideño. Al meter el pavo precocinado en el horno recordé las palabras de Goethe: «Todo nace y perece siguiendo la ley, pero sobre la vida del hombre, ese precioso tesoro, domina una suerte inestable». Lamentablemente no sólo nada había cambiado, sino que hasta yo seguía siendo el mismo, un individuo gruñón que padece empacho de lo que le rodea. Tuve entonces la intención de salir al jardín como mis esforzados vecinos a tirar cohetes y contribuir de este modo a lo que parecía una alegría común lejos de mis pesadumbres. Pero debo estar muy enfermo porque me pareció más original e igualmente ígneo la quema de coches en París. «Todos los vicios, Sancho, traen un no se qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias» (don Quijote). A fe mía que ese debe ser mi verdadero pecado.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]