Rusia y Ucrania, dos países eslavos unidos por estrechos lazos en todos los terrenos, han llegado a una situación de ruptura sin precedentes. Tal y como ya se había advertido, la compañía Gazprom, el poderoso monopolio energético ruso, procedió ayer a cortar el flujo de gas con destino a Ucrania en una actitud que tendrá consecuencias imprevisibles para la economía del país y para la estabilidad en la zona. El desencuentro se produce a causa de la negativa de Kiev a aceptar las nuevas tarifas de gas establecidas por Gazprom, que casi quintuplican las vigentes hasta la fecha.
La primera consecuencia de la inmisericorde decisión de Rusia ha sido una drástica reducción de los suministros de gas a los países de la Unión Europea, a través del gaseoducto que pasa por suelo ucraniano, de la que Kiev y Moscú se culpabilizan mutuamente. Polonia y Hungría fueron los primeros países en notar esa bajada de la presión en el interior de la tubería. La compañía ucraniana Naftogaz aseguró ayer en un comunicado que Rusia «ha disminuido los volúmenes de gas en tránsito hacia Europa». Según Naftogaz el recorte es de 67 millones de metros cúbicos por encima de lo que Rusia había anunciado. Por su parte, Serguéi Kupriánov, portavoz de Gazprom, afirmó que el suministro a Europa se mantiene en los niveles habituales y que, por tanto, si ha caído el volumen de gas en esa dirección, es por que «Ucrania lo está robando».
Este primer cruce de acusaciones, unido al que ha hecho Moscú al sostener que Kiev ha «saboteado» las negociaciones, no es más que el botón de muestra de lo que se avecina a partir de ahora en las relaciones entre ambos países. Kupriánov ha dado a entender que, si se confirma que se está extrayendo unilateralmente gas del gaseoducto que abastece Europa, Gazprom procederá a recuperar la misma cantidad de hidrocarburo de la conducción que, pasando por territorio ruso, llega a Ucrania procedente de Turkmenistán.
El primer ministro ucraniano, Yuri Yejanúrov ya advirtió que Ucrania se quedará con el 15% del gas que pasa por el gaseoducto europeo. De igual forma, Yejanúrov reiteró el sábado su amenaza de subir el alquiler a la base naval rusa de Sebastopol (Crimea), lo que, según Moscú, podría desembocar en que Rusia deje de reconocer el trazado actual de su frontera con Ucrania, en clara alusión a Crimea. Todo son sólo amenazas, de momento, pero están haciendo que suba peligrosamente la tensión entre dos países que formaron parte del mismo Estado durante siglos, primero durante la monarquía zarista y después en los tiempos soviéticos.
Las autoridades ucranianas, mientras tanto, se afanan en dar imagen ante su ciudadanía de que nada catastrófico va a suceder y que nadie se quedará sin calefacción este invierno. En Kiev se ha creado una célula de crisis interministerial para hacer frente a cualquier contingencia. Tres centrales térmicas situadas en las regiones de Donetsk y Járkov han recibido instrucciones para comenzar a sustituir paulatinamente el gas por carbón. Ucrania produce sólo el 20% del gas que necesita. El 80% restante viene de Rusia y Turkmenistán. Con este último país asiático Kiev tiene ya firmado un acuerdo para el suministro de 40.000 millones de metros cúbicos al precio de 50 dólares los mil metros cúbicos. Ese mismo precio es que el venía costando el gas ruso hasta que, tras nueve meses de infructuosas negociaciones, fue elevado a la suma de 230 dólares los mil metros cúbicos.
Llamamientos
El presidente ucraniano, Víktor Yúshenko, volvió ayer a reiterar que la tarifa que exige Gazprom es exorbitante e hizo un llamamiento a reanudar las negociaciones lo antes posible. Kupriánov explicó que el precio propuesto a Ucrania es «completamente normal» y señaló que países como Bulgaria o Hungría pagan 20 dólares más por cada mil metros cúbicos de gas mientras que la tarifa que paga Alemania, por ejemplo, es 35 dólares más cara. Gazprom considera que no puede estar «eternamente» subvencionando la economía ucraniana.
El recién dimitido asesor en economía del Kremlin, Andréi Ilarionov, manifestó el sábado que los precios del gas que Rusia impone a Ucrania «nada tienen que ver con criterios comerciales, pretenden fines políticos, como debilitar a Yúshenko ante las elecciones legislativas del próximo mes de marzo». Ilarionov dio además la razón a Kiev en cuanto a que el contrato firmado por Naftogaz y Gazprom en 2004 fijaba los mismos precios sin variación alguna hasta 2009.
El presidente ucraniano pidió a su homólogo ruso, Vladímir Putin, el pasado viernes no interrumpir el fluido de gas y mantener los precios invariables hasta el 10 de enero, para dar así una nueva oportunidad a la negociación. Esa solicitud fue rechazada, pero el sábado Putin ofreció mantener los precios actuales hasta el 1 de abril de 2006, siempre y cuando, a partir de ese momento, Kiev aceptase para el resto del año la subida hasta los 230 dólares. Yúshenko considera que el precio real del gas ruso no supera los 80 dólares los mil metros cúbicos.