El Correo Digital
Lunes, 2 de enero de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
¿Y a mí qué!
No entiendo muy bien a esa gente que se pasa estos días del cambio de año diciéndote 'voy a dejar de fumar'. ¿Qué esperan realmente que les digas de semejante decisión que corresponde al ámbito privado, íntimo y voluntario de cada uno? A quienes te vienen con ese tipo de confesiones gratuitas sólo cabe contestarles '¿pues muy bien, majo!' o '¿y a mí qué me importa!'. Cabe responderles lo que se le respondería a alguien que de repente y sin que venga a cuento te comenta 'voy a dejar de fornicar' o 'voy a dejar de gorronear vinos a mis compañeros de oficina' o 'voy a dejar de ser nacionalista'.

No entiendo a esta sociedad que se pasa la vida desconfiando, despotricando y echando pestes del Estado pero luego acepta con una resignación penosa esa paternalista ley antitabaquista que ayer entró en vigor y que nos trata a todos los ciudadanos como si fuéramos menores de edad, obligándonos a dejar de fumar por la fuerza, la prohibición, la sanción, la multa ¿Pero en qué quedamos? ¿Puede haber mayor forma de intervencionismo estatal que ésta que incide directamente en las vidas, las costumbres y los hábitos particulares de los individuos? ¿Puede haber injerencia más agresiva, abusiva e intolerable en el espacio vital de cada sujeto que esta nueva ley que se permite regañarle a uno por sus 'vicios', reprimirle, represaliarle y ponerle de rodillas contra la pared como a un colegial ante los demás compañeros? Ya puede votar lo que le dé la gana esta sociedad; ya puede armar los líos políticos que se le ocurran; ya puede cambiar las veces que quiera de régimen político que siempre va a seguir siendo menor de edad moralmente, o sea moralizando y dejándose moralizar, dejando que el Estado le diga qué es moral y qué no lo es en el terreno personal, que es el realmente sagrado.

Una de dos: o Zapatero nos ha infantilizado a todos o ya éramos infantiles de antes. Tenemos una ciega fe en el Estado. Creemos que el Estado está para hacernos más sanos, más felices, más guapos... Hacemos como que lo echamos a patadas por la puerta del autogobierno pero luego le dejamos entrar por la ventana de la cocina, que es justo por donde nunca debe el Estado entrar. Y aquí no hay partido que se salve. Hasta el PP, que se suponía que es liberal, ha tragado con esta ley que evidencia la mediocridad general de nuestra clase política y que pronto se demostrará impracticable porque va contra los intereses económicos de nuestro país, contra la producción tabaquera y la pequeña hostelería. El PP no sólo ha tragado sino que proponía además el pago oficial de psicólogos, o sea 'el diván subvencionado'. ¿A costa de más impuestos? ¿Somos tan ricos?



Vocento
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