En 'Alicia en el país de las maravillas', el sombrerero loco celebraba los no cumpleaños: 364 al año frente a un cumpleaños; aplastante lógica festiva para un amante de las celebraciones. Juguemos a algo parecido, ahora que acaba de comenzar 2006. Un poco de originalidad: en vez de endeudar el ego con promesas que luego nunca se cumplen, vamos a enumerar todo aquello en lo que no vamos a cambiar en absoluto, ni siquiera a proponérnoslo. Con realismo y autoconsciencia. Se lo recomiendo. Es un ejercicio de relajación mental, una forma de aceptarse mejor a uno mismo y no pedir bananas -la única fruta del amor, como decía la canción- al roble.
Por ejemplo, algunos inmovilismos personales. No voy a dejar de fumar, a no ser que el convertido en ceniza sea yo. Pienso colocar en mi escritorio un cartelito con olor a ozono pino en el que ponga 'Prohibido fumar' -vale, que sea bilingüe-, ya que es mi lugar de trabajo, y le voy a echar el humo directamente. Los nacionalismos -todos, empezando por el español y el vasco- y las patrias me van a gustar lo mismo que siempre: en el lenguaje binario, el dígito que no es el uno. Con el PP puede que no sea constante, tal vez le coja aún más tirria. No voy a ver 'Torrente 4'. Creo que tampoco este año leeré a Dan Brown ni similares. Pienso beber como de costumbre, fiel a aquello que decía Jack Nicholson de que la realidad no es más que «un efecto producido por la falta de alcohol». Y la realidad del mundo en que me ha tocado vivir cada vez me cuesta más contemplarla sobrio. Voy a ser igual de impertinente y tocacojones en mis artículos y libros, amén de anticlerical mientras la Iglesia siga chupando de la piragua pública. A no ser que me dejen tonto de un leñazo y ya no distinga un hisopo de un liguero; cosa nada deseable -por mí, claro-, pero no inverosímil, dados los aires de enfrentamiento civil que alientan fascistas desde la emisora con sotana. Y, ¿ay!, por la fecha en la que ya estamos, creo que este año tampoco me van a dejar hacer de rey mago. Mi gran ilusión.