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La construcción del embalse sumergió barrios y caseríos que rememoran la pujanza medieval de la comarca
25.08.10 -
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Visitas guiadas al pantano (Ullíbarri Gamboa). Memoria bajo las aguas
«¿Cómo era la vida en la valle antes de la inundación?», se preguntan los visitantes mientras se adentran en el corazón de Ullíbarri Gamboa, una aldea de Arrazua Ubarrundia que desde hace más de 50 años reposa bajo las aguas del pantano. Los guías de la Cuadrilla de Zuia nos ayudan a entenderlo mientras recorremos la comarca, en la que sobreviven dos barrios y la iglesia gótica de San Andrés.
Tras dejar atrás las huertas y las villas que miran al embalse, la excursión comienza en la plaza de la parroquia. En la entrada del templo, ante los ojos de los visitantes, aparecen el altar mayor, las capillas y el retablo renacentista, que destaca por su luminosidad y su buen estado de conservación. Fue construido por Pedro Ayala y, al parecer el clero no estaba de acuerdo con su factura, ya que Ayala tardó 50 años en cobrar.
Al dejar la iglesia, lo primero que atrapa la mirada a los excursionistas es el paisaje: la vegetación de las colinas se refleja en las aguas del embalse. Con un poco de imaginación entenderemos que, en el siglo XVI, el camino Vitoria-Francia pasaba por esta localidad. De hecho, un siglo más tarde se instaló un peaje en la entrada de Ullíbarri, con lo que el pueblo ganó relevancia tras la apertura de posadas y tabernas.
Desde la orilla del embalse, los guías cuentan la vida del valle de Gamboa antes de que se lo tragaran las aguas. La zona se caracterizaba por sus tierras fértiles, por la producción de cereales como el trigo, la cebada y la avena, medios de vida que desaparecieron tras la inundación. Tras un paseo de unos 2 kilómetros se llega a la presa, donde se puede contemplar su imponente construcción: un muro de hormigón y rocas de 400 metros.
Etapa final
Como etapa final, a cinco kilómetros de la presa, por una carretera muy estrecha, los visitantes alcanzan Nanclares de Gamboa. En la entrada, después de subir una pequeña cuesta, apreciaremos la antigua vida del valle: el gallo canta y las gallinas corren libres entre las huertas de los pocos caseríos que quedan, mientras el aroma de la hierba atrapa los sentidos de los turistas.
Aunque el tiempo lo ha borrado, en este municipio vivían figuras influyentes: escribanos, artesanos, artistas, entalladores, canteros, y contaba con importantes caminos desde la Edad Media. La parroquia del pueblo se encuentra hoy en día en ruinas, aunque los muros resisten.
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