
Los imprescindibles de la ciudad
> Memorial del Holocausto: El monumento a las víctimas del Holocausto fue inaugurado en 2005. El arquitecto, Peter Eisenmann, diseño 2.711 bloques de hormigón de diferentes tamaños alienados en forma de laberinto, que ocupan una superficie de 20.000 metros cuadrados y que pretenden reflejar el sufrimiento y la angustia de las víctimas. Está ubicado a pocos metros de distancia del famoso búnker donde se suicidó Hitler. Aunque el búnker esta cubierto por tierra, una placa recuerda el lugar exacto de la tumba. (Metro Unter den Linden).
> Cúpula del Reichstag: El histórico edificio que sirve de sede al Parlamento Federal, gracias al genio del arquitecto ingles Norman Foster, se ha convertido en una atracción turística. El acceso a la cúpula de cristal que corona el edificio esta abierto al público desde las 8.00 hasta las 22.00 horas. Desde allí se tiene una magnífica vista de la ciudad. Para evitar colas de varias horas, se puede hacer una reserva en el restaurante Käfer (00 4930-226 299 33) (Metro Unter den Linden).
> Puerta de Brandeburgo: Quizás el monumento más emblemático de la ciudad y del país. Durante la guerra fría fue el símbolo de la división de Berlín y cuando el Muro desapareció, la Puerta se convirtió en el símbolo de la Alemania unificada. (Metro Unter den Linden).
> Sony Center: Poco después de la desaparición del Muro, el enorme terreno baldío se llenó de grúas y nació un barrio completamente nuevo, con edificios de oficinas, hoteles, cines, teatros y galerías comerciales. Cada año, la Postdamer Platz se convierte en la sede del festival cine, la Berlinale. El lugar más atractivo es el Sony Center, un complejo futurista diseñado por Helmut Jahn, cuyo atrio central esta cubierto con un techo en forma de paraguas de acero y cristal. (Metro Postdamer Platz).
La cultura vive en esta ciudad. Tres óperas, ocho orquestas, 50 teatros y la famoso Isla de los Museos, todo un clásico de Berlín por sus edificios y por su encanto. La nueva gran atracción de la Isla es el flamante Neues Museum que desde el 16 de octubre pasado ha vuelto a ser el hogar de la eterna reina Nefertiti. El inmueble quedó casi destruido por las bombas y olvidado por las autoridades comunistas, pero el arquitecto David Chipperfield tuvo el acierto de combinar los restos originales y las huellas de la destrucción con un diseño arquitectónico vanguardista. (Metro Hackescher Markt).
Pero Berlín ofrece más. Por ejemplo, el Museo Erótico de Beate Uhse (Joachimstaler Str. 4) o el recién inaugurado Currywurts Museum (Schützenstrasse 70), un centro dedicado a enaltecer el bocadillo más famoso de la ciudad: una salchicha asada cubierta con ketchup y un polvo parecido al curry.
El llamado DDR Museum (Karl Liebknecht Str. 1) debería ser una visita obligada porque el pequeño museo pretende revivir la vida diaria de un país que desapareció voluntariamente del mapa político de Europa el 3 de octubre de 1990. La galería alberga en su interior una entrañable colección de objetos, fotos y recuerdos que marcaron la vida de 16 millones de personas durante 40 años.
El museo tiene la gracia de mostrar casi de forma cariñosa la rutina diaria de los habitantes de la ex RDA, pero omite de forma intencionada presentar la otra cara de la moneda: el sistema represivo que imperó en el país y cuyo máximo exponente fue la Stasi, la policía secreta que dirigió con mano de hierro el general Erich Mielke. Para eso hay que visitar el Satasimuseum (Ruschestrasse 103, Haus 1).