Súbete a la máquina
Si prefieres aventuras más largas, puedes apuntarte a otras rutas de varios días, como La Rioja, Camino de Santiago, Picos de Europa, Iparralde o Mónaco, en las que está todo organizado, desde el alojamiento y las comidas hasta otros planes de ocio, como visitas a bodegas, paseos a caballo y entradas a monumentos y espectáculos. También se organizan despedidas de soltero y bodas moteras para quienes hayan decidido compartir su sillín de ahora en adelante. Y si buscas pareja, te llevan a concentraciones de ‘singles’.
Rutas urbanas en moto Bilbao y Vitoria
Cuándo: 4 horas.
Precio: Desde 60 €. Sólo alquiler, entre 35 y 85 € al día.
Contacto: 945174128 y 605876603.
La ruta motorista por la capital alavesa abarca también los alrededores e incluye un poco de todo: naturaleza, arte, cultura, poteo y una chispa de espiritualidad durante la visita al Santuario de Estíbaliz. Con las máquinas a punto, se parte desde Vitoria en dirección al embalse de Ullibarri-Gamboa para recorrer el bonito entorno natural que rodea el pantano y las playas de Landa. Después de haber producido buenas dosis de adrenalina a lomos de la moto, toca relajarse, disfrutar de la paz que se respira en este paraje inundado por aguas tranquilas y contemplar las muchas especies de pajaritos que habitan por allí.
La ruta continúa por carreteras y pueblos de la Llanada Alavesa hasta Estíbaliz, donde los monjes benedictinos reciben a sus invitados de casco y chupa de cuero enseñándoles el monasterio y mostrándoles las vistas de Vitoria, allá en la lejanía. El Parador de Argomaniz, que ha reabierto sus puertas hace poco totalmente renovado, también está en el ‘planning’, así que la ocasión no puede ser mejor para tomar un café y curiosear qué tal ha quedado la reforma.
Con la moto parada
Toca emprender camino a la ciudad y detenerse en la Basílica de Armentia para dar una vuelta por las campas en las que cada primavera se celebra la Fiesta de San Prudencio, donde los vitorianos acuden en tropel a comer los típicos caracoles y perretxikos.
Para completar el itinerario, ya sólo queda adentrarse en el centro de la ciudad hasta la Virgen Blanca, dejar la moto y estirar las piernas por las calles del casco medieval, que aún conservan la tradición y el sabor de los antiguos oficios artesanos, visitando algunos monumentos de interés, como la Catedral o la Casa de los Arquillos. Como despedida, el guía de la expedición lleva a sus clientes al restaurante Txapela, de la céntrica calle Prado, donde aguarda una barra llena de pintxos recién sacados de la cocina y unos buenos grifos de cerveza que con toda seguridad saciarán el hambre y la sed del turista motero.