Visitas guiadas Trucíos
Reservas: Llamar con al menos un día de antelación al teléfono 946 109 604 entre las 10.00 y las 15.00 horas de martes a viernes, y los sábados y domingos de 10.00 a 14.00 horas.
Trucíos es una pequeña isla rodeada de un mar de verde. Inmersa en pleno parque Natural de Armañón, y lindante con Carranza, Villaverde y Arcentales, este pequeño municipio de Las Encartaciones parece un barco de piedra varado siglos atrás en un océano de bosques. Con 31 kilómetros cuadrados de extensión y una población cercana al medio millar de habitantes que han basado su forma de vida en la agricultura, sus palacios, torres e iglesias no parecen haber cambiado desde siglos remotos. Ahora, para redescubrirlos, el municipio ha puesto en marcha un servicio de visitas guiadas que invitan a conocer su arquitectura monumental.
En ella se conjugan distintas épocas y estilos, aunque todas combinan piedra sobre piedra en el paisaje general del pueblo. «La visita comienza a las once de la mañana, dura aproximadamente una hora y se centra en la arquitectura palaciega de Trucíos, principalmente en la época barroca», destaca la guía, Iratxe Vallejo. Ella nos conduce por el municipio en un paseo que parte de la Iglesia de San Pedro de Romaña, en grupos que apurados pueden rondar como máximo las 20 personas. En un primer momento la visita aborda la fachada de esta iglesia de estilo gótico, pero con elementos renacentistas «un poco a la manera de la Santa María, en Güeñes». Su construcción está perfectamente fechada gracias a una lápida situada en el pórtico del templo y que fija su cimentación en el 15 de abril de 1521.
Ya en el interior de la iglesia se pueden disfrutar los retablos de madera pintada (1526). «Son de corte barroco, no excesivamente ricos en figuras, pero con escenas que reflejan pasajes de la Biblia para acompañar los sermones», resume nuestra guía.
La iglesia parece querer retenernos con sus detalles, pero tenemos poco tiempo y Trucíos está plagado de edificios singulares. Entre sus construcciones más llamativas están las cuatro plazas de toros que se reparten por su territorio. Normalmente estos cosos taurinos se encuentran pegados a iglesias. «El motivo fundamental es que en Trucíos la ganadería es la principal fuente de ingresos y para reflejar este interés por las vacas y los toros, en las fiestas se celebraban corridas o se soltaban vaquillas. Esto se hacía después de las misas y de ahí el que estén anexas», explica la experta. Es el caso de la que está ubicada junto a la ermita de San Roque, y que hunde sus raíces en 1765. Ahora está cubierta de hierba, pero todavía conserva los toriles y parte de su antigua tribuna de piedra. Muy cerca tenemos un reloj de sol, que marca los cuatro puntos cardinales y en cuya superficie hay grabado como lema: ‘El sol marca las horas, pero sólo Dios fija la hora’.
La visita no alcanza la plaza de San Roque, ya que se encuentra «un poco apartada», pero al finalizar sí nos ofrecen los planos e indicaciones necesarios para acudir a verla igual que al resto de cosos: el de Gordón, junto a la ermita de la Trinidad, o la de Cueto, pegada a la de Santa Isabel. La que sí visitamos con nuestra guía es la que está junto a la iglesia de San Pedro de Romaña, la única que conserva el piso de arena pero cuyo estilo es más moderno.
Palacios y torres
A partir de aquí, nuestro paseo se centra en la fachada de palacios y torres. En Trucíos parecen incontables, y no es difícil dar con estas fortificaciones luciendo sus orgullosos escudos heráldicos como medallas de piedra. Es el caso del palacio Llaguno, el de Villafuerte, utilizado como residencia de ancianos, o el de La Puente, todos ellos orígenes de ilustres apellidos que aun son muy frecuentes en la comarca. Especialmente interesantes en la historia de este último, fechado en 1779. Dentro de sus paredes se realizó el último acto del lehendakari Aguirre antes de abandonar tierra vasca por la Guerra Civil, en junio de 1937.
La visita no puede finalizar sin ver antes el antiguo convento, ubicado junto a la casa consistorial, de estilo renacentista aunque muy transformado y con su arco de medio punto y sus antiguas dovelas reconvertidas en un escaparate . También sería imperdonable no aprovechar nuestra estancia en Trucíos para conocer otros edificios de interés. «Aunque los barrios estén dispersos, aquí es muy fácil pasar todo el día viendo cosas», asegura la responsable de turismo.
No en vano hay un montón de casas torres que también merecen mención, como las de Basinagre o Pando, y palaciegas como las de Machín o los Tueros. Junto a esta, en el área de Cueto, vale la pena visitar en pozo del antiguo palacio del arzobispo de Burgos, cuyo estilo responde al siglo XVIII. «Se trata de uno de los mejores pozos barrocos que tenemos en el territorio», aseguran. En cualquier caso, en la oficina de turismo de la localidad (Lehendakari Aguirre, 61) nos ofrecen mapas, información y guías para hacer hasta cuatro rutas diferentes por el monte y el entorno natural de Armañón.