elcorreo.com
Jueves, 31 mayo 2012
claros
Hoy11 / 25||Mañana13 / 31|
más información sobre el tiempo

planes

Siete de los arquitectos que están dibujando la ciudad del futuro nos conducen por los rincones que les han cautivado
08.10.10 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Arquitectos de altura. El skyline de Bilbao
El futuro ya está aquí. Aunque todavía queda mucho por hacer, el Bilbao moderno y cosmopolita del siglo XXI, el del Guggenheim, la Torre Iberdrola, Abandoibarra o los proyectos de Zorrozaurre y Garellano, es una realidad que avanza a pasos agigantados gracias a los planos de algunos los mejores arquitectos del mundo, como Frank Gehry o César Pelli. Siete de estos artistas nos han hecho un recorrido por los rincones, calles y edificios de Bilbao que mayor impacto visual han causado en sus retinas, por los sabores de nuestra tierra que con más acierto han deleitado sus paladares y por aquellos otros típicos lugares del País Vasco a los que han conseguido hacer una escapadita, entre reunión y reunión, visitas a pie de obra y compromisos institucionales. De procedencias y estilos muy diferentes, todos ellos coinciden, sin riesgo de haber sufrido un brote contagioso de bilbainismo agudo, en que la capital vizcaína es un verdadero ejemplo de desarrollo urbanístico para otras muchas ciudades del planeta.
> Robert Krier: «Siento delirio por el casco antiguo»
Lugar y fecha de nacimiento: Grevenmacher (Luxemburgo), 1938. Obras: Edificio Artklass (Bilbao), Yuntulovo (San Petesburgo), Ciudad de la Justicia (Luxemburgo).
El hotel Domine es el lugar elegido por Robert Krier para recibir a GPS. Ha venido a Bilbao para presentar en el Museo de Bellas Artes las 40 esculturas que decorarán el exclusivo edificio de viviendas Artklass, situado en la plaza de Euskadi, a dos pasos de la Torre Iberdrola. No es lo único que le trae a Euskadi, ya que expone una colección de esculturas en pequeño formato en la Galería Lumbreras (Henao, 3). Su pasión por la arquitectura tradicional queda reflejada no sólo en las seis fachadas que componen este bloque de pisos, sino también a lo largo de la conversación. Nos cuenta que la tarde anterior ha estado deambulando junto a su mujer por las siete calles, con una parada técnica para descansar en la Plaza Nueva. Aún sigue emocionado. «Siento auténtico delirio por el casco antiguo de Bilbao. Es muy diferente al de Madrid o Barcelona, tiene una riqueza arquitectónica y decorativa increíble». En sus viajes por Europa, Krier procura hospedarse siempre cerca de la catedral, con la excepción de Bilbao, que lo hace frente al Guggenheim. «Aquí estoy, junto al nuevo templo de la ciudad. No hay un museo en el mundo que haya causado un mayor impacto. En todas partes se habla de este efecto y se trata de imitar», comenta. El carácter «cálido y amigable» de los bilbaínos es otra de las cosas que más llaman su atención. «A pesar de ser una ciudad grande, todo el mundo se conoce y se saluda por la calle». Krier también ha sucumbido a los encantos de nuestra buena mesa, en restaurantes como Kate Zaharra, en el alto de Santo Domingo, o Eneperi, en Bakio, donde comió en una ocasión después de conocer la Reserva de Urdaibai y presenciar una competición de remo. «En el País Vasco he probado las mejores carnes y pescados que uno pueda imaginar, pero si tengo que elegir, me quedo con el chuletón», comenta, mientras recuerda divertido como una vez le mostraron la foto de la res que le iban a servir. Para bajar uno de estos suculentos homenajes gastronómicos, el arquitecto lo tiene claro: «Un paseo por el parque de Doña Casilda. Estoy feliz de que mi edificio esté al lado de un tesoro natural como ése».
> César Pelli: «Siempre encuentro algo nuevo»
Lugar y fecha de nacimiento: Tucumán (Argentina), 1926. Obras: Torre Iberdrola (Bilbao). Torres Petronas (Kuala Lumpur), World Finacial Center (Nueva York).
Pelli toca el cielo con la mano cada vez que traza un proyecto. En Bilbao, le debemos la Torre Iberdrola, que preside majestuosa el corazón de Abandoibarra. A sus 84 años y con un prestigio que alcanza los cinco continentes, el argentino hace un hueco en su apretada agenda para hablarnos desde su estudio en Connecticut sobre «la admiración y el cariño» que le despierta la capital vizcaína. «Me encanta caminar sin rumbo por las calles de Bilbao. Siempre encuentro una nueva vista, un restaurante interesante, un edificio agradable que no conocía». Sobre su desarrollo urbanístico, Pelli asegura que es «un claro gran ejemplo de cómo renovarse y ponerse al día». Gracias a su plan para Abandoibarra, la ciudad, durante décadas de espalda a la ría, ha vuelto a reencontrarse con su cauce. «Creo que lo hemos hecho de una manera reconocible y agradable. Además, la Torre Iberdrola es una marca del Bilbao de hoy y refuerza su posición dominante en todo el País Vasco», advierte satisfecho. Entre los pequeños descubrimientos que ha hecho a lo largo de sus viajes a Euskadi, el arquitecto nos confiesa que los pueblos de la costa le parecen una «maravilla»y que a la hora de sentarse a la mesa, no puede resistirse a una buena merluza a la romana. «Todo lo que como allí tiene un sabor excepcional, pero ese plato es mi favorito».
> Carlos Ferrater: «Pasear junto laría al atardecer es un plan delicioso»
Lugar y fecha de nacimiento: Barcelona, 1944. Obras: Hospital del IMQ (Bilbao), Jardín Botánico (Barcelona), Paseo Marítimo de la Playa de Poniente de Benidorm, con Xavier Martí.
El viejo y achacoso Zorrozaure está en lista de espera para recibir un tratamiento de choque que lo convierta en un barrio próspero. Una de las primeras intervenciones que hará posible este proceso de rejuvenecimiento es la nueva clínica del IMQ, actualmente en construcción y diseñada por este arquitecto barcelonés, en colaboración con Alfonso Casares. «Nuestro edificio será la puerta a esa nueva zona», explica. Para Ferrater, que este año ha recibido el Premio Nacional de Arquitectura, uno de los paseos más bonitos de Bilbao es el que arranca precisamente en ese punto y discurre por toda la ría hasta el casco viejo.
«Hacer ese recorrido al atardecer, con una parada en el Museo de Bellas Artes, que para mí es la segunda pinacoteca de España después El Prado, y seguir por el cauce de la ría, observando cómo el Guggenheim o las Torres Isozaki han transformado el paisaje, es un plan delicioso que hay que rematar llegando hasta el casco viejo para tomar unos pintxos». El arquitecto destaca del Bilbao que ha surgido a raíz del museo de Frank Gehry «su capacidad de reconvertir, sin maquillajes, la idea del lugar en ciudad».
Nos confiesa, además, que el País Vasco le toca la fibra sensible de una forma especial: «Yo llevo sangre vizcaína por parte materna. Mi segundo apellido es Lambarri y procede del valle de Gordejuela». Por ello, disfruta al máximo con cada visita que hace a estas tierras. «He ido muchas veces de trabajo, pero también con mi mujer por puro placer. Incluso hemos organizado algún viajecito gastronómico». Entre sus platos favoritos están las anchoas de Getaria, el besugo de Orio, los pimientos de Gernika y los hongos que ha saboreado en Bilbao, «junto a mi amigo y colaborador Luis Domínguez, un guía excepcional que me ha llevado a los mejores sitios».
> Arata Isozaki: «Fascinado por el Puente Colgante»
Lugar y fecha de nacimiento: Oita (Japón), 1931. Obras: Isozaki Atea (Bilbao), Kioto Concert Hall (Kioto), Museo de Arte Contemporáneo (Los Ángeles).
La primera vez que el arquitecto japonés aterrizó en Bilbao subió a Artxanda para tener una visión amplia y panorámica del lugar donde iba a levantar sus torres, de forma que pudiera inspirarse y concebir una primera idea de esa puerta abierta entre el ensanche y la ría que le habían encargado. Tras contemplar atento la vista que ofrece el monte, sacó un papel y garabateó unas cuantas líneas a modo de esbozo. Ese breve dibujo, en el que ya se advertía la genialidad del maestro, fue conservado por la empresa constructora para convertirlo en el logotipo de Isozaki Atea, uno de los edificios más representativos de la ciudad. A lo largo de su estancia en Bilbao, el arquitecto tuvo la oportunidad de trasladarse a Getxo para conocer el Puente Colgante, una estructura centenaria declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO que lo dejó «completamente fascinado» y a la que dedicó un largo tiempo observando cada detalle de su diseño y funcionamiento.
De ahí, fue al Puerto Viejo, donde dio un relajante paseo por sus estrechas calles empedradas de casa blancas encaladas y se interesó por conocer el pasado marinero de la zona. Amante del buen pescado, como manda la cultura culinaria japonesa, Isozaki se deshizo en halagos hacia una suculenta ración de exquisitas angulas.
Con este dato, podría pensarse que el famoso arquitecto nipón es todo un sibarita, sin embargo es justo añadir que también cruzó a la margen izquierda y en Santurtzi le entusiasmaron las típicas sardinas asadas a la parrilla que se sirven en los merenderos de pescadores, en un ambiente de lo más campechano y sencillo que le resultó muy divertido.
> Frank Gehry: «Mundaka es muy romántica»
Lugar y fecha de nacimiento: Toronto, 1929. Obras: Museo Guggenheim (Bilbao), Casa Danzante (Praga), Sala de Conciertos Walt Disney (Los Ángeles), Hotel Marqués de Riscal (Elciego, Álava).
Lo de Gehry y el País Vasco fue amor a primera vista, un amor que poco a poco fue madurando, como el pacharán casero que le gusta saborear sólo de vez en cuando, porque es consciente de que «hay que cuidarse». De esa íntima relación nació el Guggenheim, que ha situado a Bilbao en el globo. Asegura que aquí tiene grandes amigos y que se siente como en casa. Por eso, siempre que puede regresa a disfrutar de la «comida sana, genuina y sin florituras» que le sirven en restaurantes de toda la vida, como Víctor Montes, Rogelio o El Perro Chico. Basta un pescado fresco a la brasa o unos lomos de bacalao al pil-pil para que el artista canadiense afincado en California se derrita literalmente. Gehry es un enamorado del mar. Uno de sus mayores deseos es surcar las aguas del Cantábrico con su velero. «Me gustaría navegar por aquí», reconoce. A buen seguro, en esa travesía un puerto donde echaría el ancla es Mundaka, por los buenos recuerdos que le trae. «Estuve con mi mujer en el hotel Atalaya de Mundaka un fin de semana y nos encantó. Fue muy romántico».
> Álvaro Siza: «Se ven montañas verdes desde casi todas las calles»
Lugar y fecha de nacimiento: Matosinhos (Portugal), 1933. Obras: Paraninfo de la UPV (Bilbao), Centro Gallego de Arte Contemporáneo (Santiago de Compostela), Schlesisches tor Housing (Berlín).
Hace más de 50 años, un joven arquitecto vino a Bilbao con sus padres para conocer el País Vasco. La ciudad era gris y la ría estaba sucia, pero a él le gustó tanto que siguió viniendo de vez en cuando. Álvaro Siza, autor del paraninfo de la UPV, es aquel muchacho. Hace unos días, regresó para asistir a la entrega de su edificio por parte de la BBK a la Universidad y charló con GPS. «Donde hoy está el Guggenheim, antes había un vacío terrible. Cuando me enteré de que Gehry iba a construir ahí un museo pensé que estaba loco. Sin embargo, su trabajo ha sido magistral porque ha sabido encontrar la escala justa».
Gehry y Siza son ahora vecinos, junto con Rafael Moneo, que ha firmado la biblioteca de Deusto. A Siza, de Bilbao, le impresiona la naturaleza como telón de fondo. «Al final de la mayoría de las calles se ven las montañas verdes». Le gusta pasear por los alrededores de Gran Vía y la plaza Moyua. «Me encantan los edificios, el metro de Norman Foster y el Carlton». Otro de sus planes es acercarse a Neguri para contemplar «las interesantísimas casas construidas por la burguesía industrial del siglo XIX».
En su reciente estancia, el arquitecto cumplió un deseo que tenía en mente desde hacía tiempo, visitar Chillida Leku y el Peine del Viento. «Conocí hace años a Chillida en Santiago de Compostela y me causó una admiración enorme». Después de respirar la brisa del mar en el Peine del Viento, a Siza le esperaba una estupenda ración de pintxos en el Branka, situado a junto a la famosa escultura. «Los pintxos y las tapas son mi comida favorita cuando estoy por esta zona, aunque también disfruto mucho sentándome a la mesa en buenos restaurantes como Jolastoki o Zortziko».
> Federico Soriano: «Me gusta navegar hasta El Abra»
El arquitecto madrileño conoce a fondo Bilbao no sólo por que ha construido el Palacio Euskalduna y está trabajando ya en su ampliación, sino porque ha venido numerosas veces con la familia. «Cuando estamos con nuestros hijos siempre pasamos por el Guggenheim para ver alguna exposición y después acabamos en los jardines de Abandoibarra o bien hacemos el paseo en barco hasta el Abra para ver lo nuevo junto a la presencia del pasado». Gracias a su estrecha relación con la capital vizcaína, ha terminado siendo un experto en la cocina vasca. «Me gustan los sabores fuertes. El bacalao al pil pil es una lección de gastronomía que procuro no perderme, acompañado por un rioja de nuevo diseño, como Barón de Chirel. El Etxanobe es uno de mis sitios fijos para comer, aunque también voy probando otros». Para que el ritual sea completo, Soriano (Madrid 1961) nos confiesa que antes de llegar al restaurante, siempre hace una pequeña parada en algún bar para echarse al cuerpo una gilda picantita.
En Tuenti

Información útil

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.