Un chapuzón
Para rematar el bonito paseo, nada mejor que un chapuzón en la playa de Gorliz. Este arenal en forma de concha se ha convertido en uno de los más espaciosos de toda la costa vasca gracias a la obras de reforma que han durado cerca de dos años y que no han estado exentas de polémicas y retrasos. Pero por fin, la bahía ha recuperado su aspecto original, el que tenía antes de que el cemento tapiara parte de su sistema de dunas a principios del siglo XX. Ahora es una amplia playa de arena dorada donde ya no tendrás problemas para plantar tu sombrilla.
Visita al faro Gorliz
Más información: Turismo de Gorliz (Iberrebarri 4). teléfono 946 774 348 y .
La bahía de Gorliz esconde muchos secretos. La ruta hasta el faro de la localidad te sorprenderá por su valor paisajístico y patrimonial y sus vistas. Nada más comenzar la marcha, cerca del sanatorio, nos topamos con las dunas petrificadas, acumulaciones arenosas de nada menos que 6.000 años de antigüedad, únicas en la costa vasca. Hasta que fueron declaradas de interés especial, se utilizaban como toboganes naturales.
Seguimos el paseo y llegamos a uno de los cuatro miradores de la zona. Allí podrás disfrutar de una preciosa panorámica de la bahía, con su característica forma de concha y los espectaculares acantilados. Gorliz posee una costa irregular, un ejemplo de resistencia a la erosión marina rodeada por algunos de los montes emblemáticos del País Vasco: Oiz, Anboto o Gorbea.
El sendero discurre entre encinares y pinos cantábricos, a la vez que bordeamos la costa sobre los abruptos acantilados y calas salvajes. Hay potokas (pony autóctono) y vacas pirenaicas pastando en los prados. También es fácil ver a las ardillas entre las ramas de los árboles o comiendo piñas que después quedan esparcidas por el suelo. Además, es un lugar con una abundante presencia de aves marinas como gaviotas, cormoranes o correlimos, y aves rapaces, desde cernícalos hasta águilas ratoneras. Si tienes suerte las podrás ver cazando a sus presas o expiar algunas de sus costumbres.
A continuación, llegamos a una zona de merendero con mesitas y barbacoas, ideal para hacer una paradita y darle un mordisco al bocata, si es que te ha entrado hambre, claro. Desde aquí, un estrecho camino nos lleva hasta la punta Uztrikotzek, donde se encuentran las ruinas del fortín de Azkorriaga. Fue construido en el siglo XVIII para la defensa de la bahía. Su función consistía en vigilar los barcos que entraban al puerto. Sin embargo, nunca se llegó a usar. «Había otro en Barrika y era el que se utilizaba», nos explica Urdatz, nuestro guía en el recorrido.
Subimos una pequeña cuesta y de repente, en lo alto se divisa la estrella del recorrido: el faro, ubicado en Cabo Billano. Su blanca torre se eleva hasta 21 metros rematados por una linterna acristalada, situándose sobre un impresionante acantilado de 165 metros, lo que lo convierte en el faro más alto del Cantábrico. También es uno de los más jóvenes: se construyó en 1990.
Búnkeres y cañones
Desde aquí la vista es impresionante: se ve por primera vez la isla de Billano franqueada al oeste por el cabo de Ustrikoetxe. La isla tiene forma de dragón marino que parece estar emergiendo de las aguas, pero si se mira desde el mar puede asemejarse a un grupo de frailes cubiertos por sus hábitos. Por ello, también se la conoce como la isla del Fraile.
En este punto también se empieza a percibir nuestra siguiente parada: un camino nos lleva a los bunkers que se construyeron en la época de la Guerra Civil. Podrás entrar en estos pasadizos atrincherados que están algo oscuros, pero habrá linternas para que los asistentes a las visitas puedan contemplar cada rincón con todo detalle. Aquí también había tres cañones que se dispusieron para salvaguardar la costa. Hoy en día, sólo se conserva uno. Y de regreso, pasaremos junto al centro de recuperación de animales de Gorliz.