«Estoy orgullosa de cómo ha quedado», dice Christina Rosenvinge del disco que da réplica a ‘Verano fatal’, su unión sentimental y artística con Nacho Vegas. ‘Tu labio superior’ ha sido grabado en Hoboken (New Jersey) y tiende puentes entre su pasado «subterráneo» más pop y su última trayectoria americana independiente. La cantante, compositora y actriz, con sangre danesa y británica, aporta algunas claves de un disco «básico y visceral» con una sugerente, oscura y morbosa melancolía.
–Es más visceral que los anteriores.
–El planteamiento inicial era hacer canciones sencillas, de tres acordes, pop básico, aunque luego se coló alguna más compleja. La idea era hacer un disco con letras crudas y grabarlo de una manera inmediata y, desde luego, visceral.
–Vuelves a cantar en castellano. ¿Te ha hecho eso cuidar más los textos?
–Las letras mandan en el disco y tenía ganas de que así fuera. El inglés, aunque cuide los textos, no es mi idioma y no puedo expresarme con la misma fluidez.
–¿Es una exigencia de la discográfica?
–No ha tenido que ver. Yo ya había decidido cantar en castellano antes de firmar con Warner.
–¿Por eso te fuiste a Hoboken?
–Sí, con Steve Shelley (Sonic Youth), Jeremy Wilkins y Chris Brokaw he estado tocando diez años y grabado cinco discos. Pensé hacerlo en Madrid, pero me entienden mejor que nadie. En este disco congenian mi etapa de canciones más experimentales o radicales en inglés, la del rock en español y la del pop afrancesado de los inicios.
Mujer fatal
–La voz susurrante sigue siendo tu seña de identidad.
–La música sale de algún sitio que, desde luego, no es la cabeza. Haces las cosas y después te das cuenta de la razón. Susurrar es una manera de ponerse por encima de una banda. Prefiero el susurro al grito.
–Tus letras son entre tortuosas, pasionales y nostálgicas.
–Sí. O directamente hormonales. Salen un poco de dentro, de lo que estás viviendo, y luego les buscas un envoltorio musical. En general hay una postura vitalista, de una mujer fuerte –o fatal, si quieres– que intenta salir adelante.
–A veces eres incluso explícita: «No pienso volver al infierno de la vida conyugal», cantas.
–No suelo ser tan literal en lo que suelo decir. Pasé enormes dificultades después de divorciarme (del escritor Ray Loriga) y ese tipo de turbulencias emocionales acaban saliendo.
–¿Cómo valoras el retorno a tus orígenes tras tu etapa neoyorquina?
–La vida pasa y tomas decisiones sobre la marcha. Me fui a Nueva York para unos conciertos y me quedé. Fue una etapa de aprendizaje que me permitió hacer las cosas con calma, tener una banda muy buena, sacar discos independientes y tocar en pequeños locales. He aprendido el oficio. Cuando se me acabó el dinero, regresé y pasó lo de Nacho (Vegas), que tampoco estaba en el guión.
–¿Como serán tus conciertos? ¿Harás algún bolo con los músicos americanos?
–Tengo una buena banda en Madrid, con músicos de confianza, pero es posible que el año que viene haga gira con mis amigos americanos, porque les gusta tocar en España. Voy a tocar en distintos formatos: uno eléctrico con banda y otro acústico con batería, chelo y yo al piano. Desnudar las canciones es siempre muy agradecido.