
Merluza a la romana.
Frank O. Gehry es arquitecto, casi escultor, dibujante, diseñador de objetos, apasionado del hockey-hielo, bebedor obsesivo de refrescos, amante de la sopa en taza grande, sueña con peces y su piel brillante, ¿pescador quizás?, sumerge el anzuelo con cebo, ajusta el aparejo y levanta edificios imposibles como quien no quiere la cosa, el bueno de Gehry levantó Marqués de Riscal con cantería de la zona, lo rodeó de tierra, desperdigó pedruscos por todas partes y dibujó números con rastreles de acero. Verán al fondo, tras los cristales, cepas y el núcleo urbano de Elciego.
El hotel cuenta con dos excelentes restoranes: uno gastronómico y otro tradicional, dirigidos por un equipo joven, profesional y eficaz, encabezado por Francis Paniego y dos lugartenientes que se hicieron fuertes en su cocina, Edu Lumbreras y Juan Bautista Peñas. Al salir del ascensor les asaltará la duda, pues separados por unas gruesas cortinas, podrán sentarse en el restorán gastronómico o evitar la tentación de caer en las garras del bistró 1860, el garito de cocina tradicional del hotel: ese año, la bodega Marqués de Riscal embotelló su primer vino tinto, al mismo tiempo que en Ezcaray la casa de postas adoptaba el apellido familiar como nombre para el establecimiento, el Hotel Echaurren, la misma casa que Félix y Marisa heredaron en 1957.
Su cocina que hunde sus raíces en sofritos cocinados eternamente, ensaladas sabrosísimas de pimiento asado, mendreska de bonito o queso de cabra, menestras de verduras, garbanzos con rape y almejas, caparrones, patatas a la riojana o platillos tan sugerentes como la merluza con pimientos, las albóndigas con parmentier de patatas, las patitas de cordero a la riojana, las manos de cerdo con peras o las chuletillas de cordero.
Si toman el camino que bordea el pasillo, hacia la izquierda, el gastronómico a la carta es espacioso y sirve los ingenios de Francis, todos los clásicos que obtuvieron merecida fama en el Echaurren, desde las orgásmicas croquetas de la madre hasta unas láminas de bacalao ligadas al pilpil, encaramadas a una cebolla y un pimiento verde confitados con yema de huevo; tampoco falta la merluza a la romana sobre pimientos asados y sopa de arroz o un sabroso lomo de corzo con puré de castañas y cebolla roja asada.
Dejen hueco para el postre y pídanse para ustedes solos una ración enterita de tosta templada con queso de cameros, manzana y helado de miel, purita perdición, ¡mamma mía! Podrán beber a buen precio auténticos vinazos y reliquias de Riscal.