Adrenalina
A veces los espectadores gritan y se quejan. «Ni te enteras, ahí arriba todo es adrenalina, todo te va a mil». Otras veces hay aviso de bomba, «antes era algo habitual». Y situaciones grotescas. «Como el día que hubo una amenaza y uno del público, que era guardia civil, fue el encargado de avisarnos. Tenía tantos tics que todos pensamos: como sea éste el responsable de desactivarla…».
'La cena'Vitoria
Cuándo: 10 y 11 de octubre de 2008 (20.30 horas).
Dónde: Teatro Principal (Vitoria).
Director: Albert Boadella.
Reparto: Ramón Fontseré, Jordi Costa, Minnie Marx, Pilar Sáenz.
Entradas: 11/24 €. A la venta en taquilla, cajeros de la Vital y www.generaltickets.com.
La nueva alta cocina y la defensa del medio ambiente parece, a veces, que se han convertido en dos nuevas religiones. Y sus ‘dirigentes’ en gurús. Els Joglars se centra en ambas para poner en pie ‘La cena’, una crítica feroz contra los presuntos salvadores que terminan convirtiéndose en aprovechados. Gracias, todo hay que decirlo, al empuje de las masas. Ramón Fontserè nos cuenta de qué va todo esto.
-’La cena’ es…
-Una sátira que se desarrolla en distintos ámbitos, desde el medio ambiente hasta la cocina de vanguardia. Es un cuento, en sus dos acepciones: un cuento que se le cuenta al espectador, tiene esa estética, y hace referencia también a lo que nos dicen los políticos. Otro cuento.
-¿Y cómo son los políticos?
-Detrás de toda su preocupación hay una cierta frivolidad, una exhibición de buenismo que no es tal, pues tiene mucho simulacro. Si el planeta está tan mal, que se haga algo en serio, ¿no? El sistema te empuja al consumismo atroz pero luego se pretende que no contaminemos. Es hipócrita. Es frívolo.
-Lo vemos cada día en los medios.
-Hay siempre unos pícaros que se saben aprovechar. Y con lo del cambio climático se aprovechan a escala planetaria. La Fura hace hincapié en que son buenos tiempos para los pícaros porque tenemos casi necesidad de dioses paganos y gurús que anuncian catástrofes.
-¿Sirve Al Gore como ejemplo?
-Como vicepresidente de Estados Unidos no firmó el Protocolo de Kioto y ahora se erige en apóstol del medio ambiente. Esa es la misión de los cómicos: señalar la trampa.
-Iluminan con humor.
-La sátira es la respuesta civilizada a la chapuza, la única respuesta inteligente.
-¿Cómo se toma el público esto de criticar satirizando?
-Hay una catarsis. Para mucha gente es el momento de reírse de sus propias creencias. Nos pasó con Pujol, en ‘Ubú’. Se ha sacralizado a los artistas, a los políticos, y nosotros decimos lo que mucha gente piensa. Por ejemplo, si no te gusta Tàpies te llaman fascista. ¿Pero cómo? Si no te gusta, no te gusta.
-Tanto hablar de libertades y no podemos ni decir lo que pensamos.
-Es así, en la época de las máximas libertades no tenemos derecho a decir lo que no nos gusta. El poder se ha transformado hasta tal punto que ya no es uno visible, sino que está oculto, sin rostro. Estamos perdidos porque no sabemos a quién dirigirnos, por dónde nos viene.
-¿Qué papel juega en esto el teatro?
-Desacralizar, entretener por supuesto, provocar. Lo que sea, risa, tristeza, rechazo, por qué no vas a salir cabreado. Con elementos muy sencillos, sin tecnología punta, sólo con un tío en las tablas, se crea algo impresionante.