Adiós al tipo duro
Hay que aplaudir a Jean-Claude Van Damme por participar en un proyecto como ‘JCVD’, tan curioso como valiente. Comedia y acción se unen para el lucimiento de este ‘action hero’ que sabe reírse de sí mismo, no como otros colegas abonados a la ingestión de testosterona. Experto en ballet, body-building, shotokan, karate y kickboxing, el secreto mejor guardado de Jean-Claude Camille François van Varenberg (Bruselas, 1960) es su ardiente deseo de cantar como otro belga universal, Jacques Brel (sí, el de ‘Ne me quitte pas’). Lejos del romanticismo desolador que contiene la más hermosa canción de amor nunca escrita, hemos podido verle en títulos como ‘Contacto sangriento’, ‘Blanco humano’, ‘Soldado universal’, ‘Doble impacto’, ‘Timecop’ y tantos otros.
'JCVD'
País y año: Francia, Bélgica y Luxemburgo (2008).
Director: Mabrouk El Mechri.
Reparto: Jean-Claude Van Damme, François Damiens, Zinedine Soualem.
Duración: 96 minutos.
Esta cinta, cuyo nombre atiende a unas siglas, fue una de las ‘premieres’ más esperadas en el reciente festival de cine de Sitges. ‘JCVD’, léase Jean-Claude Van Damme, no defraudó a los seguidores del otrora astro del cine de acción, que con esta original propuesta dirigida por Mabrouk El Mechri recupera un brillo que para muchos nunca ha perdido. Estamos ante una película dentro de una película. El conocido actor se interpreta a sí mismo y se ve involucrado en un entuerto del que debe salir airoso de una manera más realista que en sus anteriores trabajos cinematográficos. No sólo valen los mamporros en este filme de acción con cabeza que navega entre la realidad y la ficción y se decanta estéticamente por la fotografía forzada y la cámara en mano a lo Paul ‘Bourne’ Greengrass (sin llegar a su altura).
La crepuscular ‘JCVD’ pretende humanizar a Van Damme, mostrándole a sus 47 años con un montón de problemas sobre la espalda. Está en plena crisis existencial, sumido en una separación matrimonial complicada, con una hija de por medio, estancado artísticamente, con problemas económicos y un evidente cansancio físico. Colabora en subproductos de acción directos a DVD para pagar sus impuestos, pero el dinero no le da debido a sus astronómicos gastos. Decide regresar a Bélgica, su país natal, para calmarse y buscar abrigo, pero la pesadilla no hace más que empezar. Cuando acude al banco en busca de un préstamo se ve envuelto en un atraco, y lo peor de todo es que la Policía cree que el aturdido artista es el culpable de todo.
Lágrimas por el pasado
Somos testigos de la vulnerabilidad de un tipo duro que, a la hora de la verdad, es como todo ser humano, con sus miedos, inseguridades y contradicciones. Cuando una pistola de verdad le apunta a la cabeza no le valen las patadas voladoras para solucionar la papeleta, esto es otra historia. Lo más interesante de ‘JCVD’ es comprobar que el actor es capaz de reírse de sí mismo. Un humor soterrado, a ratos explosivo, añade encanto a un filme inusual que retrata a un hombre en una encrucijada, que no sabe qué hacer para seguir siendo un héroe a los ojos de los demás cuando su vida se desmorona.
El dinero y la fama no lo son todo, el propio Jean Claude Van Damme lo recalca en un monólogo donde llora hablando a cámara, confiesa sus pecados, sus anhelos, desnudándose ante su público en una destacable secuencia de doble filo que puede emocionar o invitar a la carcajada. Conclusión: JCVD se encuentra a sí mismo, un acto no siempre agradable.