Tú creas
‘Aeolia 100 envíos’ reclama la participación del espectador, más allá de la mera y habitual interpretación mental. La artista guipuzcoana ha dispuesto de cien cajas con sus misteriosas semillas para que el público pueda experimentar con la pieza y cree sus propios vídeos y fotografías, luego incorporados al blog de la autora. Además de una invitación al juego, la iniciativa cuestiona categorías y roles. «Quiero desprenderme del concepto de artista como ombligo del mundo y ofrecer algo a quien se acerque a la galería», dice.
Pilar Soberón
Bilbao
Título: 'Aeolia'.
Cuándo: Hasta el 11 de julio de 2010.
Dónde: Galería Vanguardia (Alameda de Mazarredo, 19)..
Horario:Lunes a viernes de 11.30 a 13.30 y de 17.30 a 20.00 horas.
Eolo ha dejado una estela de vida en la galería Vanguardia. Sus paredes aparecen surcadas por semillas aladas, atrapadas en su vuelo hacia otros territorios donde aposentarse y germinar. Parece como si el dios hubiera dejado de soplar y ellas resultaran detenidas en un movimiento sinuoso a través del espacio. La exposición de la donostiarra Pilar Soberón, habla de la plasticidad del movimiento, del tránsito y la mutación, condiciones inherentes al ser vivo, vegetal y animal. «Por mucho que nos creamos invulnerables, estamos sujetos a ciclos, somos perecederos», explica.
Las aeolias, esas pequeñas piezas bañadas en cobre y oro, se incrustan en el muro, pero también encuentran acomodo en el cuerpo de la autora. «Me atraen las corrientes, las migraciones, los flujos», confiesa la artista. La sobriedad formal y los pequeños detalles remiten constantemente a lo orgánico, una constante en la obra de Soberón.
En proceso
La muestra, plasmada en la instalación, la fotografía o el dibujo, se antoja una reflexión permanente en torno a la naturaleza, aunque la puesta en escena rehúye todo atisbo figurativo o realista. «No son precisas grandes escenografías para hablar de lo más cercano, de esos pequeños retazos que nos llegan desde los jardines o, incluso, el interior de la nevera», arguye.
El trabajo sugiere una constante reflexión alrededor de una idea casi obsesiva. «El proceso me persigue», asegura la autora, para quien la obra reside en ese discurrir y se halla en constante cambio, en una transformación vinculada al aquí y el ahora, con idas y venidas. «En una exposición enseñas un fragmento congelado, pero la pieza está en evolución y eso me apasiona, que no sea cerrada y perfecta».